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El emperador - Cap I


  
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   Novelette que consta de cinco capítulos. Continúa la historia planteada en los cuentos «El hechizo» (protagonizado por Klara y Rasmus) y «Traición» (protagonizado por Maja y Rasmus). Tiempo después, se agregó un nuevo cuento a esta historia: «El talismán del emperador» (estén atentos a los enlaces, al final hay un añadido más).

 

Capítulo I


    Maja subió los escalones con tal velocidad que apenas parecía rozarlos.
   «Es una idiota —pensó a medida que ascendía—, si en verdad creyó que podía hacer eso, es más estúpida de lo que creí.»
   Continuó su ascenso con los puños apretados y los labios pegados. Llegó a la cima de la torre y abrió la puerta de la única habitación. La puerta se abrió sin resistencia. La habitación estaba a oscuras, desde la única ventana, entraba la luz reflejada de la luna. En el centro, una mujer joven yacía sobre un pentágono dibujado con tiza. Maja se acercó a ella y se agachó para decirle:
   —Idiota, te dije que no estabas lista todavía. Ahora lo arruinaste todo.
   La joven no contestó.
   —¿Klara? —la llamó Maja mientras apoyaba los dedos en el cuello de la joven buscándole el pulso. Casi al instante, Maja se levantó bruscamente y le pegó una patada al cuerpo que tenía a sus pies.
   —Idiota —repitió.
   Comenzó a caminar en círculos dentro de la habitación mientras se mordía el labio inferior. Luego se acercó a la ventana y miró hacia el norte. No lejos de allí se encontraba el castillo. Maja miró la torre más alta.
   «Él debe de estar ahí —pensó—, preparándose para coronación.»
   Golpeó con su puño el marco de la ventana.
   —¡Maldición! —murmuró—. Ahora voy a tener que adelantar el otro plan.
   Se volvió y observó otra vez la habitación. Hacía años que había sido abandonada, junto con el resto del complejo que servía como hogar y escuela para hechiceros. Ella misma había pasado mucho tiempo en esa habitación.
   —No —susurró Maja para sí—, no puedo pensar en ello ahora, no serviría de nada.
   Le echó otra mirada de furia al cuerpo de la pobre Klara.
   —Ya no hay nada aquí para mí.
   Salió la de la habitación, no cerró la puerta. Se detuvo unos segundos antes de comenzar a bajar la larga escalera. Asintió lentamente.
   —Sí —murmuró—, eso es lo que haré; ahora mismo.
   Descendió los escalones casi con la misma rapidez con la que los había subido. Pocos minutos después ya estaba en la base de la torre, fuera de ella.
   Caminó por la peor parte del pueblo, todavía más oscura que los bosque más espesos. Conocía el camino de memoria, y sabía que no era lejos.
   —¿De regreso, tan pronto? —dijo de repente una voz rugosa a su costado.
   Un hombre corpulento salió de las sombras. Era imposible ver su rostro.
   —Sabía que volverías a mí —dijo él—, yo soy tu mejor opción.
   —En este momento, Otto, eres la única —dijo Maja entre dientes.
   —¿Qué pasó con la bonita brujita? —preguntó Otto acercándose a Maja—. ¿Cómo se llamaba?   
   —Klara —dijo Maja alejándose de él—, se llamaba Klara, y no estaba lista.
   —Por supuesto que no —dijo Otto—. Tú y yo sabíamos eso… pero ella no. Ah, la juventud…
   Maja suspiró.
   —La recuerdas, ¿no? —dijo él.
   —No vine a hablar de eso —dijo Maja.
   —No, supongo que no —reconoció Otto—. Y por cierto, ¿por qué hablas de Klara en pasado?
   Maja suspiró nuevamente.
   —Eso no es de tu incumbencia. Lo que necesito saber es si estás listo, deberás actuar antes de lo pensado.
   —Siempre estoy listo.
   —Deberás actuar rápidamente —repitió Maja—, él ya debe estar prevenido.
   —No necesariamente —dijo Otto—; ya hubo demasiados intentos de asesinato contra él para que éste le resultara sospechoso. ¿Es eso lo que hizo Klara, no? Y falló.
   Maja le dirigió una fugaz mirada de odio.
   —De todas formas debemos apresurarnos —dijo mordiéndose el labio—, la coronación será dentro de tres días.
   —Sabía que la magia no funcionaría —dijo Otto estirando el brazo para rozar el hombro de Maja—, hay ciertas situaciones que requieren el toque humano.
   —No subestimes la magia —lo cortó Maja alejando su brazo de ella—, es lo que le protege a él.   
   Otto sonrió.
   —Creo que lo mejor será actuar el mismo día de la coronación —dijo moviéndose alrededor de ella.
   Maja frunció el ceño.
   —Eso es demasiado arriesgado, si fallas no habrá tiempo para hacer otro intento.
   —Si fallamos —la corrigió Otto—; pero no te preocupes, eso no sucederá.
   —Suponiendo que tu contacto dentro del castillo sea tan bueno como dices —dijo Maja—, o crees.
   El hombre rio sonoramente ahora.
   —Mi contacto es confiable —dijo—, no te preocupes.
   —Si tan solo…
   —No —dijo Otto—, ya te dije que no te diré quién es, así que deja de molestarme con ello.
   Maja se mordió el labio.
   —Bien —dijo luego de unos minutos—, como quieras.
   Buscó entre sus ropas y le ofreció una bolsita al hombre.
   —Esta será la última vez que hablemos —dijo ella.
   —Como usted diga —dijo Otto tomando la bolsita y volvió a internarse en las sombras con la misma rapidez con la que había salido.
   Maja esperó unos minutos y luego se alejó de allí. Se dirigió a una de sus residencias en las afueras del pueblo. Cuando llegó a la puerta, sintió una presencia detrás de ella.
   —Es tarde para estar fuera —dijo una voz vacilante.
   —Maestro Jesper —dijo Maja volviéndose—, ya no soy una jovencita.
   —Tal vez —dijo el viejo—, tal vez, pero tendrás que disculparme, a mi edad todos los demás me parecen jovencitos.
   Maja forzó una sonrisa.
   —Es una noche fresca —dijo el viejo—. ¿Podría entrar a calentarme?
   —Por supuesto —dijo Maja abriendo la puerta.
 
 

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