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Cita en las ruinas


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   La brisa movía tímidamente las hojas sueltas. Vivian deseó que fuera fresca, pero se le pegaba en la piel, en la cara, en los brazos, enrojeciéndola más que un sol furioso.
  Buscó otra roca contra la cual apoyarse pero todas mantenían todavía el calor del día. Vivian miró hacia el cielo, la luna ya había terminado de salir. ¿Cuánto más tendría que esperar?
  Escudriñó el camino que llevaba hasta las ruinas donde estaba; nada se acercaba. Suspiró y volvió a cambiar de posición.
  —No deberías apoyarte en esas piedras —dijo una voz repentinamente cerca.
  —¡Diablos! —saltó Vivian.
  Un joven de alrededor de veinte años estaba a su lado; el muchacho puso un dedo sobre los labios de ella.
  —Diablos —susurró él—, y demonios, y espíritus… muchas cosas rondan por aquí así que no hables tan alto.
  Ella se sonrojó, pero no se notó en la oscuridad. Vivian movió los labios con lentitud, sin emitir sonido, y él sacó la mano con rapidez. Segundos después, él estaba a varios pasos de ella.
  —Creí que no vendrías —dijo Vivian acercándose al muchacho.
  El joven la miró con fijeza, la brisa se había detenido.
  —Lo prometí —dijo él—, y yo siempre cumplo mis promesas.
  Vivian sonrió y se acercó un poco más, mirando a su alrededor.
  —Es un lugar extraño —dijo ella—, pero podemos estar seguros de que nadie nos molestará.
  —Es un lugar especial —dijo él.
  —Algunos creen que está maldito —dijo ella tocando una de las piedras, el joven se estremeció—, pero yo no tengo miedo.
  —No —dijo él—, tú eres diferente; tú también eres especial, como este lugar.
  Vivian sonrió de vuelta, con la luna reflejándose en sus negros ojos. Ya estaba frente a él.
  —Tú también —susurró dejando sus labios entreabiertos, mientras se ponía de puntillas.
  El joven tomó el rostro de ella entre sus manos. Vivian cerró los ojos.
  —Esta noche también es especial —murmuró él—, es nuestro aniversario.
  Vivian parecía no escucharlo, se irguió todavía más en punta de pies. Él se inclinó y la besó con lentitud. Las piedras de las ruinas refulgieron.
  —Nuestro aniversario requiere algo especial —susurró él llenando la cara de ella con besos—, sangre joven, sangre nueva.
  —Sí —dijo ella aún con los ojos cerrados y sonriendo.
  Ella lo besó otra vez, y las piedras ardieron. Figuras en las sombras comenzaron a agitarse a su alrededor. Él se apartó de ella.
  —Lo siento, Vivian, pero no puedo evitarlo, el ritual debe cumplirse con cada aniversario.
  —Lo sé —dijo ella abriendo los ojos.
  Una sonrisa oblicua adornó el rostro de Vivian.
  —Es la noche en la que verdaderamente puedo alimentarme —dijo ella mientras abría una boca enorme, deformada, y sorbía al joven en su interior, junto con el resto de las almas que habitaban las ruinas.


   Este cuento se publicó originalmente en el blog Hojas de cuentos, el cual estuvo activo durante varios años. Allí apareció en octubre de 2009.


Este cuento forma parte del recorrido de la sangre, puedes acceder al siguiente a través de la palabra clave o desde aquí Recorrido_logo.

Este cuento forma parte del recorrido del beso, puedes acceder al siguiente a través de la palabra clave o desde aquí Recorrido_logo.

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