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Historia repetida


Cuentos_logo
 
  Cabalgó bajo la lluvia, en la tarde brumosa. Sería una noche negra, pero muchas lo habían sido desde hacía años, tantos que ya no importaba recordarlos. Apretó las mandíbulas y se aferró a las riendas de su marchito caballo. El animal se estaba quedando viejo y probablemente éste era su último viaje; recordó que también había sido el primero.
  —Que así sea —murmuró para sí.
  Ese sería el último viaje de los dos, al menos la última vez que recorrerían ese camino. La fina capa que llevaba había sucumbido al agua hacía rato y ya no tenía sentido esconderse de las frías gotas.
  Atravesó el pueblo en solitario, apenas era posible ver las casas a su alrededor. Un solo guardia protegía la entrada al castillo, se adelantó para ver al recién llegado cuando éste y su caballo emergieron de la bruma. Las palabras se pegaron al cálido aire y el soldado solo atinó a mirar el emblema raído en la ropa del jinete y el rostro, ahora maduro, del que había conocido como muchacho.
  —Se… señor… mi… mi príncipe —se irguió lo más que pudo.
  —¿Dónde está?
  —¿Quién, mi señor?
  El caballo se movió nervioso, pero el jinete se mantuvo quieto.
  —El rey, mi señor…, está en la sala de audiencias; hoy… hoy… hoy es día de audiencias —murmuró mientras se sonrojaba.
  —Bien —dijo el príncipe y azuzó al caballo.
  —Señor, mi señor, ¿debo anunciarlo?
  —No será necesario —respondió sin volverse.
  Llegó a la gran puerta de roble en silencio. Se apeó del caballo y lo dejó libre, a su edad ninguno escapaba, llega un momento en el que todos reconocen su destino.
  Dentro del castillo, el aire era aún más frío. El olor a rancio y humedad era insoportable. El príncipe se acercó a la sala de audiencias. El trono quedaba lejos y solo un par de pordioseros mendigaban compasión. Los adelantó con paso firme. El cuerpo que lo esperaba en el trono estaba marchito y probablemente era el causante del mal olor.
  —Hijo —susurró con ojos brillantes que se movieron con súbita rapidez—. ¿Y tus hermanos?
  —No volverán.
  —Bien —sonrió y se le partió el labio del cual cayó una gota solitaria de sangre.
  —Ellos viven felices en otros reinos, la mayoría casados.
  —¿Qué? —trató de levantarse, pero el trono era lo único que lo sostenía.
  —Sí —sonrió el príncipe—, todos ellos viven, todos nosotros lo hacemos.
  —¡Cobardes! —murmuró el rey.
  —No, listos —rio—. Supimos de tu plan y decidimos abandonarte. Ya no aceptaríamos más tus torturas. Decidimos no volver, para que no supieras nunca nuestra suerte, para que vivieras preguntándote, temblando en un trono sin herederos.
  El rey torció el gesto.
  —Tú volviste.
  El príncipe frunció el ceño, el rey sonrió.
  —A ti no te fue tan bien, quieres el reino, mi reino.
  El príncipe tembló de risa.
  —No lo necesito, no lo quiero.
  —¿Por qué regresaste entonces?
  —Mi hijo está enfermo —dijo mientras rebuscaba entre sus ropas y se acercaba a su padre.
  —¿Y quieres que yo me apiade de él? ¿Porque es mi nieto?
  —No hace falta, yo haré lo necesario por mantenerlo con vida. La tuya perdió valor hace tiempo.
  El viejo rey se tiró hacia atrás.
  —¿Qué tiene mi vida que ver…? —se cortó al ver un cuchillo ceremonial de obsidiana—. ¿Todavía practicas esa magia oscura? —le escupió.
  —Todavía lo hago —sonrió.
  —Ya no me queda mucha sangre —rio con sorna—, tal vez deberías donarle la tuya.
  —No es sangre lo que busco. Una vida solo se paga con otra.
  El rey lo miró.
  —Idiota, ¿acaso crees que él será mejor contigo de lo que tú eres conmigo? Déjalo morir, te ahorrarás un problema.
  —Un problema, eso éramos para ti.
  —Bah.
  —Yo no seré como tú —masculló y clavó el cuchillo en el corazón reseco.
  Nadie lo detuvo al salir. El caballo todavía lo esperaba, sumiso. Y él emprendió un viaje más.
  —Se parece tanto a su padre —comentó una vieja criada al verlo pasar por la puerta, sin mirarla a ella ni al guardia—. Todavía recuerdo cuando el rey volvió con la cura que salvaría a su hijo más pequeño —meneó la cabeza y suspiró—. Todo fue mal a partir de allí. Aunque el pequeño sobrevivió, y se parece tanto a su padre.


   Este cuento se publicó originalmente en el blog Hojas de cuentos, el cual estuvo activo durante varios años. Allí apareció en diciembre de 2011.


Este cuento forma parte del recorrido de la sangre, puedes acceder al siguiente a través de la palabra clave o desde aquí Recorrido_logo.

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