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Sueños


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   Soñó que era un dragón. Un dragón volador. Un dragón grande y con escamas. Un dragón con garras y alas. Esas alas se estaban agitando. Podía sentir su propia fuerza luchando contra los vientos, generando sus propias corrientes.
  El sol brillaba muy cerca de él. Sus rayos rozaban sus escamas, emitiendo matices de verde a su alrededor. La euforia lo llenaba y necesitaba liberarla. Abrió sus garras y rugió. Un rugido que sacudió todo su cuerpo hasta su cola. Abrió más sus fauces y los rayos del sol brotaron a través de ellas. Sentía una libertad que jamás creía que pudiera ser posible.
  Dejó que los vientos lo elevaran más y más. Acercándolo al potente sol de verano que lo alimentaba con su fuego. Y entonces, cuando sus ojos no eran capaces de ver nada más que aquella esfera dorada, sintió todo el peso de su cuerpo. Cada parte lo tiraba hacia abajo y las corrientes de aire ya no eran capaces de sostenerlo. Batió sus alas, pero las sintió débiles y frágiles, incapaces de sostener su gran cuerpo escamoso. Sus fauces se abrieron nuevamente, y esta vez dejaron paso a un rugido de terror.
  Estaba cayendo. Cayendo con tanta rapidez que apenas era capaz de distinguir el suelo que se acercaba. Cerró los ojos esperando el impacto. Y cuando al fin llegó, fue más parecido a un salto. Un pequeño salto y una caída en un suelo blando.
  Se despertó. Estaba en una cama, y su cuerpo ya no era grande y poderoso. Ya no tenía alas que lo elevaran por los cielos. Ya no tenía el poder del sol en su garganta. Se sentía frágil y enfermo. Se sentó, todavía mareado, y miró a su alrededor. En el piso, al lado de su cama, estaba tirado un pequeño bol.
  «Así que ya se terminó de nuevo», pensó Marvin con todos sus recuerdos acomodándose en su cabeza.
  Bajó los pies al suelo y, sin molestarse en levantar aquel bol, buscó un poco de agua. Sentía la boca pastosa y le dolía todo el cuerpo. Tomó varios vasos pero aquel sabor amargo no se iba.
   Se levantó a duras penas y se puso los zapatos. Salió de la cabaña en la que vivía solo y se dirigió al pueblo. Ya había oscurecido, pero todavía no era muy tarde.
  «Aún debe de estar en el bar», pensó Marvin con esperanza y apuró el paso.
  El bar estaba casi vacío, pero el hombre que él buscaba estaba allí. Seguía sentado en el mismo lugar, con una jarra de cerveza en la mano. Marvin se acercó a esa mesa y se sentó sin pedir permiso.
  —Necesito más —dijo en un susurro urgente.
  El hombre lo miró con lentitud.
  —Creo que ya ha tenido demasiado.
  Marvin miró hacia ambos lados y se acercó más al hombre.
  —Necesito más.
  —Creo que necesita descansar.
  —No —dijo Marvin agarrando el brazo del hombre—, necesito que me dé lo que le estoy pidiendo. Aquí está el pago —sacó una monedas de su bolsillo, las últimas, y las puso sobre la mesa—, ahora deme otra dosis.
  El hombre suspiró.
  —Le advertí que podía ser peligroso. Los sueños pueden ser…
  —¡No necesito sus sermones! —masculló Marvin—. ¿Por qué lo pone tan difícil cuando alguien quiere comprar lo que vende?.
  —Porque los sueños son para que la gente los posea, no al revés —dijo el hombre con calma mientras bebía un trago.
  Marvin lo miró nervioso.
  —Mire, no sé de qué me habla, ni mi importa —se inclinó un poco hacia el hombre—. Soñé que era un dragón, sabe… ¡un dragón! —Marvin miró a su alrededor y bajó la voz—. Necesito más.
  —Se lo voy a decir una última vez… —dijo el hombre.
  —No importa —dijo Marvin empujando las monedas hacia el hombre.
  Éste suspiró y le entregó una bolsita. Marvin la tomó rápidamente y salió del bar sin dirigirle otra palabra a aquel hombre, ni a ningún otro. El extraño lo observó irse y recién guardó el dinero cuando Marvin salió del bar.
  Marvin ni siquiera notó cómo llego a su cabaña, pero pronto estuvo nuevamente en su cuarto. Tomó el bol del piso y lo llenó de agua. Sumergió la extraña raíz que sacó de la bolsita en el agua y sacudió todo con agitación. Cuando el agua se volvió morada, no se molestó en sacarse los zapatos y se sentó en la cama. Bebió el contenido del bol de un solo trago.
  Luego se recostó y cerró los ojos. La sensación de pesadez lo invadió de inmediato… y pronto estaba soñando otra vez. Soñó que era un dragón.


   Este cuento se publicó originalmente en el blog Hojas de cuentos, el cual estuvo activo durante varios años. Allí apareció en enero de 2009.


Este cuento forma parte del recorrido del verano, puedes acceder al siguiente a través de la palabra clave o desde aquí Recorrido_logo.

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