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La escritura y yo, una historia de desencuentros (segunda parte)


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   Esta serie de tres posts tratan sobre mi relación con la escritura a través de los años, hasta el momento. El primero se puede leer aquí.
   Como había comentado en el post anterior, puedo diferenciar tres etapas en mi relación con la escritura. La segunda fase consistió en un reencuentro.
 

La escritura y yo, una historia de desencuentros

 
   En este caso sí recuerdo cuándo retomé la escritura. Al igual que la primera vez, sucedió sin planificación; sencillamente, un día comencé a escribir una historia. Hacía poco que había terminado la facultad y estaba en un curso esperando a que comenzara la clase. Durante la espera, surgió «El bosque y la llanura». ¿De dónde salió? No lo sé, casi se escribió solo; tal vez reflejaba mi situación en ese período: la encrucijada de terminar la facultad y no tener ni idea de qué hacer con mi vida; porque claro, no estudié mi pasión, sino lo que se esperaba de mí.

 

Segunda parte


   Estamos entonces en mi temprana juventud, llena de grandes sueños y también de una depresión enorme porque nadie ni nada te prepara en realidad para eso de terminar de estudiar; es un final deseado, pero desconcertante. Fue durante ese tiempo que volví a conectar con la escritura, pero las características de esta etapa fueron diferentes de las de la adolescencia:
      • Comencé a escribir solo en español.
      • Casi no había poesía en mi producción. 
      • Ahora sí leía lo que escribía. 
      • También empecé a corregir un poco. 
      • Al principio eran historias cortas; aunque ya desde el primer cuento sentí que esa historia tenía más para dar.
   En esta fase la relación se volvió más tranquila. La escritura fluía con rapidez, estaba llenas de ideas que caían sobre el papel con facilidad y, con poca corrección, salían al mundo. Sí, me animé a enviar ese cuento a una selección y fue el primero que vi impreso en un libro. Luego hubo otros impresos y otros publicados en un blog. Las historias se sucedían unas a otras y parecían no tener fin.
   De ese primer cuento también surgió una historia más larga, la historia de Aglaya, una joven trágica. Es su momento fue el manuscrito más extenso que había generado y hasta llegué a corregirlo con un corrector profesional. ¿Quedó bien? No puedo decirlo de manera objetiva, es una historia a la que le tengo mucho afecto.
   Algunos rasgos de mi escritura en aquel entonces eran:
      • Muchas ideas que, a veces, quedaban a medio desarrollar.
      • Escritura intuitiva, sin planificación para los cuentos, pero sí algo para las historias más largas.
      • Fue una etapa con mucha producción.
   Ahora sí soñaba con ser escritora, aunque tal vez no con tanta seriedad sino más bien como un deseo romántico. ¡Se harían películas de mis libros y a todo el mundo les encantarían! Extrañamente, todavía mantenía estos grandes planes en cierta forma ocultos.
Escritura_logo   Fue durante esa época que escribí mi primera novela, La elección de Kendria. La idea surgió casi formada en mi mente, allí tenía el comienzo y también la frase final, a donde quería llegar. Durante el camino me dejé ser libre, aunque también pensé mucho sobre el mundo donde transcurría la novela y su historia y la de sus personajes. Tendría que revisar las notas para ver cuánto tardé en escribirla, pero en ese momento no me importaban los tiempos. Un día la terminé y la corregí (o lo que yo entendía por corregir en aquellos tiempos) y la dejé salir al mundo… todavía estoy esperando que alguien lo note, je.
   ¿Cómo terminó esta etapa? El límite entre esta y la siguiente es más bien difuso. Después de esa primera novela, hubo otras, el blog siguió creciendo y publiqué también un recopilatorio de algunos de esos cuentos. En algún momento, la escritura se volvió más consciente, ya en algunas novelas lo había intentado, pero de repente comencé a estudiar y leer libros sobre escritura. Empecé a pensar más en lo que escribiría, en planificar un poco (no mucho).
   En conclusión, este segundo acercamiento a la escritura fue más alegre. Si bien también tenía altas expectativas, la relación era menos tirante y muchas veces me gustaba lo que escribía, me gustaba leerlo. Fue una etapa de imaginación exuberante, los cuentos fluían sin que necesitara llamarlos o pensar en ello siquiera. Sin embargo, la mayoría quedaba en su versión más cruda.
   En el próximo post voy a hablar un poco de mi actual relación con la escritura, aunque cueste hablar de algo que está tan cercano. ¿Qué me dicen ustedes? ¿Recuerdan diferentes etapas en este proceso de escribir? ¿Cómo es su relación con su escritura?  
 

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