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Un pequeño viaje


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   —Sí, sé que no me creen —dije, moviéndome en el sillón—, pero es la verdad. Es la pura verdad sobre lo que sucedió.
   —Bien —dijo el inspector, y sacó un paquete de cigarrillos del bolsillo interno de su sobretodo—. Cuéntenos de vuelta, desde el principio.
   Lo miré nervioso, y miré luego a los dos oficiales que estaban de pie. Hacía dos horas que habían llegado a mi casa, y desde entonces estábamos en la sala. Sólo el inspector y yo, sentados. Un vaso de agua en la mesita frente a mí. Nada más que un cenicero frente al inspector.
   —¿Otra vez? —pregunté.
   —Sí —dijo el inspector con tranquilidad, el cigarrillo ya encendido se balanceó entre sus labios.
   Eché otro vistazo a los inmóviles oficiales.
   —Desperté temprano —comencé— y decidí hacer unos ejercicios de proyección astral. Un amigo me está enseñando…
   —Su amigo— interrumpió el inspector—, el señor John Bradford.
   —Sí —asentí.
   El inspector se quedó observándome, y con su silencio comprendí que debía continuar.
   —Comencé con las respiraciones. Nunca había logrado nada, pero esta mañana fue diferente… lo sentí… sentí cómo abandonaba mi cuerpo.
   Miré a los oficiales nuevamente, y de vuelta al inspector pero ninguno parecía tener preguntas.
   —Al principio no supe bien qué hacer —continué—, pero luego noté que podía controlar hacia dónde flotaba, y terminé saliendo de la casa. —Me sostuve las manos mientras recordaba, todavía no acababa de asimilar ese sentimiento—. Es algo muy desconcertante, ¿saben? El mundo no se ve exactamente igual que como se ve a través de los ojos.
   —Lo imagino —dijo el inspector.
   Esa vez creí detectar una malsana sonrisa en uno de los oficiales. Lo ignoré y continué con mi narración.
   —No sé cuánto tiempo vagué. Sólo sé que me sentía atraído hacia algunas personas y hacia otras no. Cuando comencé a sentirme cansado, pensé en volver a casa. Estando muy cerca, me llamó la atención un hombre durmiendo en la acera. La atracción era muy fuerte con él, pero no me acerqué mucho y seguí mi viaje hasta aquí. Recuerdo que luego me costó moverme, como si ya no pudiera flotar. Cuando entré a la casa, creo que mis fuerzas estaban agotadas, y me desvanecí.
   Tomé un poco de agua y terminé mi relato por tercera vez.
   —Cuando desperté ustedes estaban aquí; y la señora Adams, mi ama de llaves, me miraba con extrañeza.
   Miré expectante al inspector.
   —Sé que lo del viaje astral es considerado extraño por algunas personas, incluso increíble; yo también pensaba lo mismo. Pero conocí al Señor Bradford, y todo eso cambió.
   El inspector apagó el cigarrillo en el cenicero.
   —Sé cómo suena…
   —Entonces —dijo el inspector buscando un nuevo cigarrillo—, sabe que me es difícil creerle.
   Lo miré con aprensión.
   —Sí, sí…, por eso al principio no quise… no creí que fuera necesario decirle…
   —Sí —dijo el inspector echando humo otra vez—, recuerdo su primera declaración. Lo que sólo hace más increíble esta historia del viaje astral.
   —¡Pero es cierta! —dije queriendo saltar del sillón.
   Me contuve, y agregué con timidez:
   —Lo que no sé es por qué es tan importante. Todavía no entiendo por qué la señora Adams los llamó a ustedes. Sólo porque me desmayé… hubiera sido más lógico llamar al médico.
   —En efecto —dijo el inspector—. Pero nosotros hemos llamado al médico, a más de uno en realidad.
   Lo miré extrañado.
   —Sin embargo, tiene razón. Todavía no le he explicado la razón de que estemos aquí —dijo el inspector poniéndose de pie—. Sígame.
   Lo seguí hasta mi propia habitación, uno de los oficiales caminó detrás de mí. El inspector abrió la puerta de mi habitación y me indicó que pasara. Con un gesto silencioso me señaló la cama.
   Allí me vi acostado.
   ¿Yo? ¿Era ese yo?
   Me acerqué unos pasos, ese era mi rostro sin lugar a dudas. Parecía dormido, pero mi palidez era extrema. Parecía como si…
   Pero, ¡un momento!
   Si ese, en la cama, es mi cuerpo…, entonces, ¿dónde estoy yo?


   Este cuento se publicó originalmente en el blog Hojas de cuentos, el cual estuvo activo durante varios años. Allí apareció en agosto de 2009.


Este cuento forma parte del recorrido de la llave, ¿te animas a recorrerlo? Puedes acceder al siguiente a través de la palabra clave o desde aquí Recorrido_logo.


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