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La última gárgola


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   «Sólo un poco más —pensó—, sólo falta un poco más.»
   Movió lentamente la mano, doblando los dedos uno a uno hacia adentro, hasta lograr crear un puño.
   «Sí —se dijo—, falta muy poco.»
   A su alrededor, las brillantes luces de un sol en despedida se atenuaron en melancolía. La luna y las estrellas brillarían con fuerza en esa noche de plenilunio, pero jamás lograrían siquiera simular la claridad del día. Pero ello no le molestaba a ella, sus delicados ojos no soportaban tanta luz, ni su piel agradecía el calor.
   Se irguió completamente abriendo su boca en un mudo grito de placer.
   «Sí —pensó—, soy libre otra vez.»
   Se volteó rápidamente.
   «¿Dónde está el enemigo? No pudimos haberlos vencido en una sola noche, eran demasiados.»
   Giró sobre sí misma varias veces, pero no había nadie más allí, sólo rocas dispersas a su alrededor.
   «¿Qué es esto? —se dijo—. ¿Acaso son las ruinas de nuestro castillo? ¿Acaso la batalla fue perdida?»
   Se aproximó a un pilón de roca y estiró la mano para tocarlas.
   «Es raro —pensó—, no se siente igual que la piedra del castillo, pero hay algo familiar en ella, algo…»
   Oyó un ruido no muy lejos de donde ella estaba, y entornó los ojos. Aunque no fue capaz de ver ningún movimiento, caminó hacia el lugar de donde provenía el ruido. La noche era fresca y ella podía sentir la brisa golpear sobre sus brazos desnudos. Cuando giró, luego de pasar unos arbustos, se quedó helada: allí estaba el castillo, medio destruido. Corrió hasta las puertas, y se detuvo de repente.
   «No —se dijo—, algo no está bien. Este no es mi castillo, este no es mi hogar.»
   El ruido se escuchó otra vez, pero esa vez ella alcanzó a ver una sombra y la siguió sigilosamente hasta su escondite.
   «Es sólo un perro», pensó al descubrir la forma de la sombra, y se alejó de allí sin siquiera intentar acariciarlo.
   Volvió hacia donde estaba el castillo. Sólo algunas paredes seguían en pie y había pilones de roca por doquier.
   «¿Cómo puede ser esto? —se dijo—. ¿Es que no quedó nadie, nadie más?»
   Aún cuando su cuerpo era frío por naturaleza, pudo sentir un escalofrío recorrerla de la cabeza a los pies. Se abrazo a sí misma y repitió: «¿es que no quedó nadie más?»
   Se sentó cerca de uno de los pilones de roca, y apoyó la espalda sobre ellas.
   «Esto no es posible —se dijo—, si todos hubieran resultado muertos, me habrían matado a mí también; pero si hubieron sobrevivientes, ¿por qué no me llevaron con ellos?»
   Miró a su alrededor nuevamente y suspiró.
   «No lograré nada aquí sentada, llorando, será mejor que los busque.»
   Se irguió nuevamente y estiró sus alas…, o al menos creyó hacerlo.
   «Cierto —pensó—, las perdí la última noche; pero, ¿por qué no fui curada?»
   Este hecho sólo acrecentó sus temores.
   «Porque no quedó nadie para hacerlo», pensó tímidamente, pero sin querer convencerse de ello. Comenzó a caminar otra vez entre los escombros, lanzando mudos gritos a la luna.
   «No puede ser —se decía—, ¿es que no quedó nadie más?»
   Por fin, cerca del amanecer, el cansancio la venció y se sentó nuevamente junto a las rocas. Las luces a su alrededor comenzaron a calentarse. Sus dedos se volvieron cada vez más tiesos, pero ella no hizo ningún intento de adoptar la pose requerida. Ni siquiera se molestó en limpiar sus lágrimas mientras miraba al sol naciente.
   «¿Es que acaso soy la última? —pensó—, no podría soportar serlo; por favor, no quiero ser la última.»
   Decenas de hombres se acercaban lentamente al castillo a medio construir, dos de ellos iban hablando:
   —Te juro —dijo Maikel— que es como si nunca me hubiera ido.
   —Son los años los que te aquejan —dijo Charles—, mira cómo corre aquel joven.
   Maikel gruñó a su lado al ver que el joven corría hacia ellos.
   —Señor, señor —dijo el muchacho dirigiéndose a Maikel—, desapareció, desapareció.
   —¡Cálmate, muchacho! y explícate mejor, ¿qué es lo que desapareció?
   —La estatua, señor, la estatua encantada —dijo el joven.
   —¿La gárgola? —preguntó Charles.
   —¿Estás seguro —le preguntó Maikel al muchacho.
   —Sí, señor.
   Maikel gruñó nuevamente.
   —Diles a todos los hombres que la busquen —le dijo Maikel al muchacho—, diles que yo lo ordeno.
   El joven se alejó de allí a la carrera, mientras gritaba la orden a los demás hombres.
   —Todavía no entiendo por qué la trajeron —dijo Charles.
   Maikel se encogió de hombros.
   —Simplemente les llamó la atención que estuviera entera, era la única que todavía…
   —¡Señor, señor! —se escucharon los gritos de varios hombres—. Aquí está señor, pero…
   —Pero ¿qué? —bramó Maikel mientras se apresuraba hacia el lugar donde se apiñaban los hombres.
   —Está maldita, señor, como todas las rocas de aquel castillo, no deberíamos haberlas tomado para construir —dijo uno de los hombres.
   —Ese castillo fue derribado hace más de mil años, ya no hay maldición —gruñó Maikel, pero cuando se abrió paso para ver lo que conmocionaba a los hombres, no pudo emitir otra palabra.
   —Entonces, ¿cómo explicas esto? —dijo Charles que seguía su lado—. Una estatua que antes se erguía, ahora está sentada, ¿cómo puede hacer eso la simple piedra?
   Maikel se acercó a la gárgola.
   —No la toque, señor, esta maldita —dijo uno de los hombres.
   —Deberían haberla dejado allí, no sé porqué la trajeron —agregó otro más.
   —Hay que destruirla —murmuró uno de ellos.
   —Sí —contestaron más voces—, hay que destruirla.
   Los hombres se apretaron alrededor de la estatua, con mazas en sus manos.
   Si la roca pudiera moverse, se habría dicho que la gárgola sonrió cuando sintió las mazas cayendo sobre ella.


   Este cuento se publicó originalmente en el blog Hojas de cuentos, el cual estuvo activo durante varios años. Allí apareció en agosto de 2008.
   Durante un tiempo, en el blog se llevó a cabo una encuesta donde se podía votar por el ser fantástico sobre el cual trataría el cuento de la semana. Este es uno de los resultados de aquel juego. Posteriormente, se recopiló en el libro «Hojas de cuentos».


Este cuento forma parte del recorrido del frío, ¿te animas a recorrerlo? Puedes acceder al siguiente a través de la palabra clave o desde aquí Recorrido_logo.



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