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Un mundo sumergido


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   Sentía su cuerpo flotar levemente mientras rozaba con suavidad los bordes de la bañera. El espacio dentro apenas era suficiente para que estirara las piernas. Si quería sumergir la cabeza, tenía que flexionar las rodillas fuera del agua. Pero ella no quería hacerlo, no en ese momento. Su cuerpo estaba tenso. A pesar de que llevaba el suficiente tiempo en el agua como para que se le arrugaran los dedos, todavía no lograba relajarse.
   Aun cuando se quedaba inmóvil, sentía el fluir del agua acariciando su piel. Sentía su peso, cómo tiraba de ella hacia abajo. Y ella quería ceder, eso era lo que la atemorizada. Quería ceder. Había allí una añoranza que creía perdida años atrás. Y, no obstante, nunca antes había sentido esa aprensión a estar sumergida.
   Levantó una mano y observó a las gotas correr desde sus dedos hacia su muñeca. Sintió un escalofrío, el agua ya estaba fría. El otro brazo se le resbaló y casi cae bajo el agua. Se sostuvo con ambas manos. El corazón latiendo con fuerza. El agua formaba olas alrededor de su cuerpo, remolinos que la tocaban en cada milímetro de su piel.
   Volvió a recostarse. No podía juntar fuerzas para levantarse. Ni siquiera ahora que el agua estaba congelada, ahora que ella estaba congelada. Todavía no se decidía a dejarse ir. Había sido tan fácil unos días atrás.
   En realidad, siempre había sido sencillo. Por lo menos para ella. Si bien había oído que la afinidad de los bebés con el agua era grande, en realidad ella recordaba ese contacto con plena memoria. Incluso se acordaba de cuando había estado sumergida en un líquido similar durante meses, dentro de su madre. Lo podía visualizar con muchos detalles, hasta casi evocar las sensaciones de ese momento.
   Por eso su primer día en la piscina había sido un alegre recordar. Pronto aprendió a no comentar más ese recuerdo, la gente parecía no comprender, o responder con sonrisas incrédulas. Ella se acostumbró a esconderse de ellos en el agua, el único lugar donde hallaba paz.
   Durante su niñez, había sido casi imposible para su madre sacarla de la bañera antes de pasada una hora. Después, cuando fue mayor, ella pasaba mucho tiempo nadando. Incluso, un verano, llegó a tener el récord de tiempo sumergida sin respirar. Sin embargo, para ella era más bien un acto privado. Nunca llegó a competir.
   Le gustaba llegar del trabajo todas las noches y preparar su baño de inmersión. No ponía música, no bajaba la luz. Solo el agua caliente y un poco de sales. Y se quedaba allí hasta que se enfriara. A veces, agregaba un poco más de agua caliente y se demoraba durante otros largos minutos.
   Esa noche, hacía tres días había hecho lo mismo. Cuando ya faltaba poco para que tuviera que salir, para que tuviera que ir a dormir a su cama, añadió más agua caliente y se sumergió una última vez. Le gustaba abrir los ojos y mirar alrededor, sin fijarse en nada en particular.
   Le llevó unos instantes darse cuenta de que una luz titilaba a lo lejos. Cuando por fin reparó en ella, lo primero que pensó fue que se trataba del reflejo de las luces del baño. Aunque algo no cuadraba. Después de varios minutos tuvo que salir a tomar aire. Cuando volvió a sumergirse, las luces ya no estaban allí, y ella creyó que había sido su imaginación hasta que vio unas sombras a lo lejos.
   «¿A lo lejos? ¿Cómo puede verse algo tan distante dentro de mi propia bañera?»
   Salió otra vez a la superficie. Su baño estaba igual que siempre.
   El agua estaba congelada y le pesaba sobre la piel. La urgía a sumergirse otra vez. Poco después de hacerlo, advirtió movimiento, oyó ruidos lejanos que se transformaron en voces. Fue entonces cuando salió de un salto de la bañera.
   Casi se cayó al salir, pero no se detuvo hasta que hubo revisado toda la casa y se aseguró de que puertas y ventanas estuvieran cerradas. Regresó al baño, y después de observar la bañera unos minutos, dejó correr el agua.
   Los siguientes días se había bañado, si bien no sumergido. Fueron los días que más rápido había salido del agua. Ella, que prefería siempre estar en la bañera, en vez de fuera, que incluso había rechazado salidas para poder llegar a su amada agua. Se había bañado, y no sumergido.
   La tentación era cada vez más fuerte y no podía resistir.
   Al sumergirse vio sombras con las luces. En un punto lejano, más allá de los bordes de su bañera. Le llevó varias sumersiones más darse cuenta de que esas sombras eran contornos de edificios, no como los de su ciudad, mas sin duda eran construcciones, llenas de luces y voces. Sin embargo, no había visto nada más. No había visto a nadie.
   Durante varios días solo podía esperar a llegar a su casa para sumergirse en la bañera toda la noche. En algunas ocasiones temió quedarse dormida y solo entonces salió unas horas para dormitar en la cama antes de regresar a la bañera.
   Durante el fin de semana se quedó todo el tiempo dentro, llenando de agua caliente la bañera cada vez que se enfriaba. Ya era capaz de ver todo el contorno de la ciudad. La había visto con luces de diferentes colores. La había oído con más y menos voces. Había visto sus días y sus noches. Sus caminos, sus casas. Aunque no a sus habitantes. El agua la urgía a llegar allí; no obstante, cuando intentaba acercarse, chocaba con el borde de la bañera, la ciudad estaba más allá.
   El fin de semana siguiente optó por hacer un pequeño viaje a una playa cercana. No le avisó a nadie ya que, con toda seguridad, sonreirían como con su recuerdo de la niñez. La bañera ya no le alcanzaba, y tampoco una piscina, lo había intentado. El mundo sumergido estaba demasiado lejos. Se quedó parada frente a esa agua extraña y sintió el mismo anhelo. Se hundiría hasta encontrar ese mundo, su mundo sumergido.


   Este cuento se publica por primera vez. Forma parte de los retos de escritura del portal El libro del escritor, pasen por allí a ver los retos y participantes. En este caso elegí Escribe un relato que involucre agua como elemento relevante de la historia.


Este cuento forma parte del recorrido del verano, puedes acceder al siguiente a través de la palabra clave o desde aquí Recorrido_logo.



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