Buscar este blog

La venganza del hada


Cuentos_logo
 
   Eda se escondió mejor detrás del gran roble. Todavía no había aprendido a volverse invisible como las hadas adultas, así que debía esforzarse más para ocultarse de los hombres. Uno de ellos se acercaba; iba silbando una tonada que a Eda le pareció vagamente familiar. Lo espió desde detrás del árbol y pronto su curiosidad se convirtió en odio cuando vio el hacha que aquel hombre llevaba en sus manos. Eda lo vio sumergirse más profundamente en el bosque y, sin pensarlo más, lo siguió.
   El hombre había apoyado el hacha en un joven árbol mientras se arremangaba la camisa. Luego tomó el hacha con ambas manos y se preparó para golpear al árbol. Eda jamás había sentido tanto temor como cuando vio a aquel hombre esgrimir un hacha hacia el joven roble: su joven roble.
   —¡No! —gritó Eda mientras salía de su escondite.
   El hombre se volvió sobresaltado. El hacha cayó de sus manos cuando vio a Eda, su rostro expresaba tanto desconcierto como temor el de ella.
   —Eda —dijo él cuando fue capaz de reaccionar—, estás bien. ¿Qué estás haciendo aquí? —el hombre avanzó hacia ella—. Quise verte pero en el convento me dijeron que faltaba una semana antes de que pudieras recibir visitas…
   Eda retrocedió unos pasos.
   —¿Qué te sucede? —preguntó él—. Todavía estás muy pálida y tus ojos… ¿qué le sucedió a tus ojos?
   Él avanzó otro paso y ella retrocedió otros dos.
   —¿Qué te sucede? —insistió él—. Soy yo, Andre, tu marido.
   —No sé quién eres —dijo Eda—, sólo sé que quieres lastimar a mi árbol.
   —¿Lastimar? ¿Qué dices? —rió Andre—. Pero es cierto que es tu árbol, nuestro árbol, uno de los que elegimos para construir nuestra casa.
   Andre se acercó un poco más a ella.
   —Ah, ya verás qué hermosa casa te construiré.
   Pero Eda se alejó de él nuevamente y luego, con un súbito movimiento, corrió hacia el hacha y la tomó en sus manos.
   —¿Qué haces, Eda? —preguntó Andre.
   —No lo lastimarás —dijo Eda mientras blandía el hacha—, no lastimarás a mi árbol.
   —¿Acaso estás loca? —dijo Andre.
   —No —dijo una voz a su espalda—, no lo está. Sólo defiende a su compañero.
   Andre se dio vuelta y se encontró con una mujer de gran belleza. Era alta y con una piel tan blanca que parecía traslúcida. Sus profundos ojos, completamente negros, eran imponentes, atemorizantes.
   —¡Tú otra vez! —gritó Andre—. Te dije que te alejaras de nosotros.
   —Y yo te advertí que te alejaras de mi bosque.
   —Estás loca —dijo Andre y se volvió para acercarse a Eda—. Ven, vámonos de aquí.
      Pero Eda no se movió.
   —¡Vamos, Eda! —insistió Andre.
   —Ella ya no es tuya —dijo con calma la extraña mujer.
   Andre la ignoró y se acercó a su esposa, pero se paró en seco a unos pasos de ella. Ahora que estaba más cerca Andre pudo ver lo que había cambiado en la mirada de su esposa.
   —Tus ojos… —dijo él lentamente— son iguales a… —se volvió para enfrentar a la extraña mujer—. ¡Fuiste tú la quien la enfermó! ¿Qué le hiciste?
   —Ustedes no me quisieron escuchar cuando les advertí —dijo la mujer—. Mataron a uno de mis amados árboles, y querían más.
   —¿Qué le has hecho? —reclamó Andre.
   —Le mostré lo que le habías hecho a ese árbol, lo que significaba para mí, para nosotras. Ahora ella es una de las nuestras.
   —Estás loca —dijo Andre de vuelta y trató de asir a Eda—. Ven conmigo.
   —No sé quién eres —dijo Eda retrocediendo—, pero yo soy un hada, el bosque es mi hogar y este —apoyó la mano en el árbol— es mi compañero.
   —Ahora ellos están unidos de por vida —dijo la extraña mujer— como yo lo estoy con el gran roble.
   —Estás loca —repitió Andre, miró a Eda que aún blandía el hacha, amenazándolo—, ambas están locas —dijo entonces Andre, y salió corriendo.
   —Ven, hija mía —dijo la extraña mujer dirigiéndose a Eda—, actuaste bien.
   —Tuve tanto miedo —dijo Eda soltando el hacha mientras se acercaba temblando a aquella mujer.
   —Sí —dijo la mujer—, no hay nada más atemorizante que amenacen a tu árbol, serás una buena hada.
   —Ya soy un hada —dijo Eda con decisión—, ya no soy más una niña.
   —Por supuesto —dijo la mujer—, y ya es hora de que conozcas a las demás.


   Este cuento se publicó originalmente en el blog Hojas de cuentos, el cual estuvo activo durante varios años. Allí apareció en septiembre de 2008.
   Durante un tiempo, en el blog se llevó a cabo una encuesta donde se podía votar por el ser fantástico sobre el cual trataría el cuento de la semana. Este es uno de los resultados de aquel juego. Posteriormente, se recopiló en el libro «Hojas de cuentos».


Este cuento forma parte del recorrido del bosque, puedes acceder al siguiente a través de la palabra clave o desde aquí Recorrido_logo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

El respeto es algo que nos beneficia a todos.