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El emperador - Cap V


  
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   Novelette que consta de cinco capítulos. Continúa la historia planteada en los cuentos «El hechizo» (protagonizado por Klara y Rasmus) y «Traición» (protagonizado por Maja y Rasmus). Tiempo después, se agregó un nuevo cuento a esta historia: «El talismán del emperador» (estén atentos a los enlaces, al final hay un añadido más).

 

Capítulo V

  
   Fanny entró en la habitación llevando una bandeja. La apoyó sobre una pequeña mesa durante un momento y cerró la puerta. Luego tomó la bandeja otra vez y se acercó al hombre que estaba en la sala.
   —Señor —dijo con la mirada baja—, su té.
   Rasmus, el futuro emperador, que observaba a través de la ventana, contestó sin volverse.
   —Déjalo allí y vete, no te necesitaré más esta noche.
   Ella titubeó unos instantes, pero no había nada que pudiera hacer. Sólo debía rogar que tomara el té. Apoyó la bandeja con cuidado y se encaminó hacia la puerta. Cuando ya tenía la mano sobre el picaporte, él la llamó de vuelta.
   —Espera —dijo volviéndose hacia ella—, quédate a tomar una taza conmigo.
   —¿Señor? —preguntó ella tímidamente.
   —Ven —dijo Rasmus haciendo un gesto mientras se acercaba a uno de los sillones que había en su habitación—. Tal vez sea la edad, no lo sé, pero lo cierto es que ahora que logré mi objetivo, encuentro que no tengo nadie con quien festejarlo. —Se sentó pesadamente en el sillón y estiró el brazo para asir la tetera—. Una vez hubo una mujer a la que quise, hasta admiré; tenía cabellos rubios como los tuyos, pero… digamos que tuvimos una diferencia de opiniones.
   Había terminado de servirse el té. Tomó la taza y se recostó sobre el sillón; hizo otro gesto con la mano libre y agregó:
   —Pero basta ya de eso; ven, siéntate conmigo.
   —Pero no hay otra taza —dijo Fanny, aún vacilante.
   —Debe haber alguna usada por allí —dijo Rasmus haciendo un amplio gesto que abarcó la habitación—. Los dioses saben lo mal que hacen su trabajo los sirvientes.
   Fanny se movió lentamente. No había escapatoria, tendría que tomar una taza de té. Si tan sólo supiera qué era lo que tenía dentro. Más rápido de lo que hubiera querido, encontró una pequeña taza que contenía restos de otra bebida.
   —Vamos —dijo Rasmus—, no serás mañosa, ¿no? Ninguno de los de tu clase lo es.
   Fanny asintió y se acercó con la cabeza gacha. Se sirvió un poco de té, pero se quedó parada.
   —¡Siéntate! —dijo Rasmus señalándole un sillón frente al que se encontraba él.
   Eso fue más una orden que una invitación, y ella obedeció.
 
   «¿Por qué tarda tanto?», se preguntó Otto en su escondite.
   Si ella no regresaba pronto, él tendría que salir para ver qué pasaba. Pero ¿cómo podría saber dónde se encontrarían los guardias en ese momento?
   Otto se contuvo de dar un golpe contra la pared.  
   «Estúpida mujer —pensó—, ¿qué estás haciendo.»
 
   —Vamos, bebe —la apremió Rasmus.
   —Mi señor —dijo Fanny—, es que yo…
   —Lo sé —dijo él—, es un honor inesperado, pero no lo desperdicies. — Él se inclinó hacia ella. —Y por sobre todo, no se lo comentes a nadie.   
   Ella asintió y sorbió un poco de té. Él bebió a su vez.
   —Sabes —dijo Rasmus de repente—, esta noche estoy acosado por los recuerdos. De pronto me descubro pensando en… —se detuvo, se veía confundido.
   Dejó la taza y se miró la mano, extrañado. Luego tomó el amuleto y éste brilló entre sus dedos. Volvió a mirarse la mano.
   —Es extraño –dijo él lentamente—, pero…
   Fanny no pudo ocultar el miedo en sus ojos.
   —¡Tú! —dijo Rasmus furioso—. Tú y el té… ¿qué le pusiste?
   Rasmus intentó levantarse, pero le fue imposible. Ella tampoco podía moverse, ni siquiera para dejar la taza que aun tenía en las manos.
   —Pero… tú… también… tomaste —dijo él; cada vez le costaba más articular las palabras.
 
   «No hay otra alternativa», se dijo Otto saliendo de su escondite.
   La suerte quiso que los perezosos guardias estuvieran descansando sus ojos cuando Otto dobló por el pasillo que conducía a la habitación del emperador. La puerta estaba cerrada. Otto apoyó la oreja contra ella, pero no logró escuchar ningún ruido en el interior de la habitación. Probó el picaporte y, lentamente, abrió la puerta.
   Vio a dos personas sentadas en los sillones, una de ellas era el futuro emperador. Otto cerró la puerta tras de sí y se acercó a aquel hombre. Cuando llegó hasta él, pudo ver quién era la otra persona.
   «Estúpida mujer», pensó y le dirigió una mirada fugaz a Fanny.
   Luego concentró su atención en el hombre. Por la expresión de sus ojos se dio cuenta de que había funcionado, lo que fuera que esa bruja le hubiera dado, había funcionado. La mano del futuro emperador estaba sobre su pecho, pero sus dedos no alcanzaban a rozar el amuleto.
   Otto sonrió con satisfacción. Se acercó más a él y, con delicadeza propia de una mujer, le sacó el amuleto que colgaba de su cuello. Intentó tocarlo, pero estaba demasiado caliente. Lo colocó dentro del paño que también le había dado la bruja.
   «Sólo un hechicero puede tocarlo —le había dicho Maja—. Cuídate de envolverlo bien, y tráemelo.»
   Otto guardó el amuleto así envuelto y extrajo un cuchillo de entre sus ropas. Rodeó con lentitud al futuro emperador, disfrutando cada momento. Colocó el cuchillo contra el cuello del hombre. Entonces vio la expresión horrorizada de Fanny.
   Otto rio para sus adentros, aquello sería un plus. Clavó los ojos en el rostro de la joven mujer y deslizó lentamente el cuchillo. No se escuchó ningún ruido, pero los ojos inmovilizados de Fanny eran una canción para Otto.
   El cuchillo terminó su recorrido y Otto se acercó a Fanny, todo estaba resultando demasiado fácil. La joven lo miró con ojos aterrorizados. Otto le sonrió, pero ya no había dulzura en su expresión. De un certero golpe, la dejó inconsciente. Tomó la taza que estaba en las manos de ella, y le colocó el cuchillo en su reemplazo.
   Una vez fuera de la habitación, Otto cerró la puerta con la suficiente fuerza para que llamara la atención de los guardias y corrió a refugiarse a la vuelta del pasillo. Sólo debía esperar a que hubiera bastante confusión como para poder escurrirse fuera del castillo.
   Tanteó uno de sus bolsillos, aun a través del paño, el talismán se sentía tibio.
   «Tal vez se lo dé a la bruja —pensó—, o tal vez no. Después de todo, habrá muchos hechiceros interesados en este amuleto.»

 
 
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El emperador - Cap IV


  
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   Novelette que consta de cinco capítulos. Continúa la historia planteada en los cuentos «El hechizo» (protagonizado por Klara y Rasmus) y «Traición» (protagonizado por Maja y Rasmus). Tiempo después, se agregó un nuevo cuento a esta historia: «El talismán del emperador» (estén atentos a los enlaces, al final hay un añadido más).

 

Capítulo IV

  
   Dos días después de su encuentro con Maja, Otto esperaba en la mesa del rincón de un bar bastante concurrido. Solamente tenía vaso de cerveza medio beber en sus manos. Parecía estar pasando el tiempo nada más, pero cada vez que se abría la puerta, su mirada atenta hacía un paneo fugaz. Antes de que se cumpliera una hora había llegado la persona que buscaba.
   Una mujer muy joven se acercó a su mesa.
   —Hola —dijo ella con timidez.
   Él alzó la vista y le ofreció una de sus mejores sonrisas.
   —Hola, Fanny, toma asiento. ¿Quieres algo de beber?
   —No —dijo ella sentándose, apresurada, mirando hacia todos lados.
   —No te preocupes —dijo Otto—, nadie nos presta atención.
   Fanny se inclinó hacia él.
   —Pensé que ya no me llamarías —susurró—, cada vez se está haciendo más difícil salir del castillo.
   Otto estiró el brazo para tomar la mano de ella.
   —Por supuesto que llamaría –dijo con un acento de sinceridad en su voz—, sabes lo que siento por ti.
   Ella se sonrojó; él soltó su mano.
   —Pero hay algo que debemos hacer antes —le puso una bolsita en la mano—. Pon esto en su té, lo inmovilizará durante algunos minutos.
   Fanny guardo la bolsita rápidamente en su bolsillo.
   —Para lo otro, debes esperar a mi señal —prosiguió Otto—. ¿Trajiste lo que te pedí?
   —Sí —dijo Fanny a la vez que le alcanzaba un paquete.
   —Lo haremos esta noche —dijo Otto sin preámbulos.
   —¡Esta noche! —exclamó ella y se tapó la boca con presteza volviendo a mirar a su alrededor.
   —Sí —dijo él—, estaré allí en un par de horas. Estate alerta. Ahora vete.
   —Pero… —dijo ella.  
   —No puedo explicarlo ahora, pero tiene que ser esta noche, y luego tú y yo...
   Ella se sonrojó nuevamente y salió del bar. Se dirigió al castillo con paso vacilante. Caminaba por minutos mirando hacia todos lados, y luego mirando hacia abajo. No podía defraudarlo, Otto había sido el único hombre que la había comprendido, el único que le había prestado atención.
   Llegó al castillo poco después y se dirigió hacia la entrada para los sirvientes.
   —¡Por fin! —dijo la rechoncha ama de llaves apenas entró—. ¿Dónde estabas? Hace rato que te estoy buscando.   
   —Salí a llevarle un encargo a mi madre —dijo Fanny—, usted sabe que ella…
   —Sí, lo sé —la cortó la ama de llaves—; pero este no es el momento para cuestiones personales. Hay mucho por hacer aquí, ¿o acaso no recuerdas que mañana es la coronación?
   Fanny calló y siguió al ama de llaves hasta la cocina.
   —Hay que pulir toda la plata —dijo la rechoncha mujer—, y luego se deben cambiar las corinas de la sala.
   Fanny asintió en silencio y suspiró, iba a ser un día larguísimo.
   Pasaban de las once y Fanny seguía en la cocina. Ya hacía rato que todos habían ido a dormir. Sólo quedaban dos soldados haciendo guardias somnolientas y ella, que estaba de servicio esa noche, como ella misma había solicitado.
   No sabía muy bien cuál era la señal que debía esperar pero Otto le había asegurado que la reconocería. Casi a medianoche, los dos soldados pasaron junto a ella apresuradamente.
   «Esa debe ser», se dijo Fanny y se apresuró a correr hacia una de las ventanas.
   Tiró hacia abajo una cuerda amarrada con anterioridad y esperó con impaciencia. Miraba cada tanto el regreso de los soldados. Otto apareció en el marco de la ventana segundos después y ella lo ayudó a entrar. Sin hablarse, ella le señaló en una dirección. Él desapareció por allí, ella se apresuró a ocultar la cuerda.
   Los soldados ya estaban regresando.

 
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El emperador - Cap III


  
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   Novelette que consta de cinco capítulos. Continúa la historia planteada en los cuentos «El hechizo» (protagonizado por Klara y Rasmus) y «Traición» (protagonizado por Maja y Rasmus). Tiempo después, se agregó un nuevo cuento a esta historia: «El talismán del emperador» (estén atentos a los enlaces, al final hay un añadido más).

 

Capítulo III


    Diez años antes.    
  
   —Te equivocas, pequeña —dijo el Rasmus, el hechicero, mientras se inclinaba sobre el hombro de una joven mujer—. Las palabras son esas, sí; pero el orden es erróneo.
   La rubia mujer se mordió el labio inferior mientras repasaba mentalmente las palabras que tenía escritas frente a sí.
   —El orden es todavía más importante que las palabras en sí —dijo su maestro alejándose de ella para acercarse a una de las ventanas.
   Estaban en la última habitación de una de las torres más altas dentro del complejo perteneciente a la orden de hechicería. Rasmus miró por la ventana. A lo lejos, una torre casi igual e alta, se elevaba al lado de un castillo. Allí estaría el emperador en ese momento. En la cama en la cual parecía estar pasando la mayor parte de su reinado. Su único hijo había sido aislado hacía tiempo, en la parte opuesta del castillo. Todos temían que el único heredero se contagiara de la misteriosa enfermedad que acosaba a su padre. Y lo único que deseaban era que el joven príncipe se casara pronto y tuviera hijos, muchos hijos.
   —El orden lo es todo —repitió Rasmus frente a la ventana- si ordenas todo correctamente, el resto de las cosas actúan por sí solas.
   La joven mujer observó una vez más las palabras que había escrito y en seguida procedió a tacharlas todas. Luego de unos minutos, las escribió de nuevo. Rasmus se acercó a ella.
   —Ah —dijo con satisfacción—, ahora sí, ahora sí.
   La joven sonrió a su vez y se relajó sobre su asiento.
   —Eso será todo por hoy, pequeña Maja —dijo el maestro—. Debemos prepararnos para los festejos de mañana.
   —Sí, maestro —dijo Maja poniéndose de pie comenzando a ordenar las cosas que habían utilizado—. Todos están muy ansiosos, aunque me parece que algunos parecen bastantes nerviosos.
   El maestro asintió en silencio.
   —¿Cree usted que es porque el emperador no asistirá? —preguntó Maja.
   —Puede ser, pequeña, puede ser.
   —Pero, si en verdad los festejos van a ser presididos por el príncipe Erik, como dicen. ¿Cuál es el problema?
   Rasmus miró los azules ojos de Maja que lo observaban expectante.
   —Es el cambio lo que preocupa a la gente, pequeña, el cambio siempre genera incertidumbre.
   La joven asintió en silencio.
   —Lo veré mañana, entonces —dijo y salió de la habitación sin cerrar la puerta.
   Rasmus la vio alejarse y luego volvió a acercarse a la ventana. Su vista se clavó en la torre lejana mientras su mano buscaba algo en su pecho. Segundos después, un amuleto brillaba entre sus dedos.
   —El cambio es el problema —repitió—. Por eso, lo que este imperio necesita es algo que nunca cambie —apretó el amuleto con más fuerza mientras éste quemaba sus dedos—. Lo que este imperio necesita es un emperador que nunca muera.
 
   A la mañana siguiente los alrededores del castillo estaban colmados de gente. Las decoraciones hechas para las fiestas se extendían a todas las casas alrededor. Personas de distintos rangos y oficios estaban mezcladas entre sí, y muchos luchaban por acercarse a sus conocidos.
   —Hola, Maja —dijo un anciano dirigiéndose a una joven rubia de ojos azules.
   —¡Señor! —dijo Maja algo incómoda—, es un honor…
   —No, no —dijo el anciano—, nada de señor hoy, muchacha. Hoy, solamente, soy Jesper, es parte de lo que significan estos festejos, ¿sabías?   
   —Está bien, Jesper— dijo Maja sonriendo tímidamente—, sé que los festejos significaban algo distinto en los comienzos pero eso fue hace muchos años...
   Jesper soltó una sonora carcajada cuando vio que Maja se callaba de repente, con algo de rubor en sus mejillas.
   —No te preocupes, Maja —dijo palmeando el hombro de la muchacha—, ya sé que estoy viejo.
   Maja sonrió nuevamente.
   —Hay mucha más gente de la que esperaba —dijo Jesper mirando a su alrededor.
   —Creo que todos sienten curiosidad —dijo Maja.
   Jesper sonrió.
   —Sí, muchacha, todos sentimos curiosidad.
   En ese momento, se sintió como si mil trompetas sonaran a la vez. La muchedumbre se calló y miró en unísono hacia las puertas del castillo, expectante.
   Un hombre solo apareció a través de ellas.
   —El príncipe Erik —resonó una voz atronadora.
   Maja estaba lo suficientemente cerca para ver sus rasgos.
   «Es muy apuesto», pensó, y se sonrojó levemente.

 
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El emperador - Cap II


  
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   Novelette que consta de cinco capítulos. Continúa la historia planteada en los cuentos «El hechizo» (protagonizado por Klara y Rasmus) y «Traición» (protagonizado por Maja y Rasmus). Tiempo después, se agregó un nuevo cuento a esta historia: «El talismán del emperador» (estén atentos a los enlaces, al final hay un añadido más).

 

Capítulo II


    La habitación estaba escasamente decorada. Pocos muebles y aún menos calor. Maja cerró la puerta con fuerza y le señaló a su acompañante uno de los dos sillones raídos que dominaban el cuarto. Luego dirigió una mirada al hogar e hizo un pequeño gesto. El fuego no tardó en prenderse.
   —¿Quiere un té? —preguntó Maja.
   —Si no es mucha molestia.
   Maja salió de la habitación dejando al viejo solo frente al fuego. En todo el tiempo que tardó en preparar el té, no volvió a dirigirle la palabra. El hombre, por su lado, se mantuvo inmóvil en el sillón, contemplando sus propias manos sobre su regazo.
   Maja regresó con una bandeja y dos tazas. Apoyó la bandeja en una mesita baja entre los dos sillones.
   —¿Y qué es lo que usted está haciendo en la calle a estas horas? —le preguntó Maja la viejo mientras le alcanzaba a la taza.
   —Buscándote a ti —respondió Jesper.
   El té tembló un segundo, tal vez debido al traspaso de manos.
   —¿A mí? —preguntó Maja.
   —Sí —dijo Jesper—, quería saber si habías sido tú.
   —Si yo había sido ¿qué?
   —Lo sabes muy bien —dijo Jesper mirándola por encima de la taza—. Me pareció extraña tanta torpeza de tu parte, pero cuando alguien está desesperado… ejem… comete errores que no cometería de otra forma.
   —Maestro, no creo saber de qué habla.
   —Por supuesto que lo sabes —la voz del viejo adquirió fuerza—, aunque no lo hubieras hecho tú, tendrías que haberlo sentido.
   La expresión de Maja se endureció.
   —Lo sentí —dijo por lo bajo—, pero ya era tarde.
   Jesper la miró inquisitivamente, y Maja se desplomó sobre el otro sillón.
   —Le dije que no estaba lista, pero no me hizo caso.
   El viejo suspiró.
   —Klara —dijo en un murmullo—. Su nombre se agregará a la larga lista de quienes fallecieron intentándolo.
   —Se lo advertí —dijo Maja entre dientes.
   El viejo la miró apaciblemente.
   —¿Y estás enojada porque no te hizo caso, porque no lo logró o porque arruinó tus planes?
   Maja sonrió.   
   —Supongo que por todo.
   El viejo volvió a suspirar.
   —Mi niña, ¿por qué continúas con esto? Crees que si pudiera hacerse no lo habríamos hecho ya.
   —Tal vez —dijo Maja lentamente—, tal vez es que no lo intentaron lo suficiente.
   Jesper negó con la cabeza y tomó un poco de té antes de responder.
   —Lo hicimos —dijo mirando tristemente a Maja—, los mejores hechiceros de la Orden lo intentaron todo; pero no sirvió de nada. Sencillamente, Rasmus se volvió demasiado poderoso, tú mejor que nadie lo sabes.
   —Sí, lo sé —dijo Maja mordiéndose el labio—. Sé mucho sobre él, por eso sé que debemos detenerlo. No tiene una idea de la destrucción y del dolor que es capaz de generar…
   Jesper tomó un poco más de té y dejó la taza en la bandeja, sobre la mesita.
   —Mi niña —dijo con dulzura—, lo que te hizo fue terrible, todos sentimos compasión por ti; pero si dejas que ese deseo de venganza se apodere de ti, nunca lograrás conseguir tranquilidad.
   Maja se incorporó en el sillón y lo miró de frente.
   —Justamente, de eso se trata —sonrió—: tranquilidad. Y la única forma en que la conseguiré es acabando con él.
   El viejo suspiró una vez más, y se levantó del sillón. Caminó lentamente hacia la puerta y la abrió. Antes de salir, dijo:
   —Mi niña, creo tu nombre también se agregará a esa lista si sigues este camino.
   —Maestro —dijo Maja—, mi nombre está allí hace años.
   Jesper se volvió para cerrar la puerta.   
   —En verdad, lo siento, pequeña. Siento todo lo que has sufrido y lo que todavía sufrirás.
   La puerta se cerró con delicadeza.
   Maja se quedó observándola. El viejo la había llamado “pequeña”, así era como la llamaba Rasmus cuando todavía era humano. Sin quererlo, se sumergió en recuerdos. Los primeros eran tan alegres, algunos incluso dulces. Se dejó envolver por ellos, al calor del fuego.
   Bastante lejos de allí, había otra persona empapada de memorias. El hombre estaba solo en una habitación ricamente adornada. Parado junto a la ventana, mirando a lo lejos el contorno de una torre sólo iluminada por la luz de la luna.
   «Fue desde allí», se dijo a sí mismo.
   Recordó su vida en aquella torre. Allí donde una vez se le había ocurrido la idea, donde la había planeado y donde había llegado a ponerla en marchar.
   «Y solo faltan tres días —pensó— para que mi plan llegue a su fin, y seré el emperador.»
   Sonrió levemente.
   —Rasmus, el emperador —murmuró.
   Apoyó una mano sobre el vidrio como si quisiera acariciar aquella lejana torre.
   «Sí —se dijo—, le debo mucho a aquella torre.»

 
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El emperador - Cap I


  
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   Novelette que consta de cinco capítulos. Continúa la historia planteada en los cuentos «El hechizo» (protagonizado por Klara y Rasmus) y «Traición» (protagonizado por Maja y Rasmus). Tiempo después, se agregó un nuevo cuento a esta historia: «El talismán del emperador» (estén atentos a los enlaces, al final hay un añadido más).

 

Capítulo I


    Maja subió los escalones con tal velocidad que apenas parecía rozarlos.
   «Es una idiota —pensó a medida que ascendía—, si en verdad creyó que podía hacer eso, es más estúpida de lo que creí.»
   Continuó su ascenso con los puños apretados y los labios pegados. Llegó a la cima de la torre y abrió la puerta de la única habitación. La puerta se abrió sin resistencia. La habitación estaba a oscuras, desde la única ventana, entraba la luz reflejada de la luna. En el centro, una mujer joven yacía sobre un pentágono dibujado con tiza. Maja se acercó a ella y se agachó para decirle:
   —Idiota, te dije que no estabas lista todavía. Ahora lo arruinaste todo.
   La joven no contestó.
   —¿Klara? —la llamó Maja mientras apoyaba los dedos en el cuello de la joven buscándole el pulso. Casi al instante, Maja se levantó bruscamente y le pegó una patada al cuerpo que tenía a sus pies.
   —Idiota —repitió.
   Comenzó a caminar en círculos dentro de la habitación mientras se mordía el labio inferior. Luego se acercó a la ventana y miró hacia el norte. No lejos de allí se encontraba el castillo. Maja miró la torre más alta.
   «Él debe de estar ahí —pensó—, preparándose para coronación.»
   Golpeó con su puño el marco de la ventana.
   —¡Maldición! —murmuró—. Ahora voy a tener que adelantar el otro plan.
   Se volvió y observó otra vez la habitación. Hacía años que había sido abandonada, junto con el resto del complejo que servía como hogar y escuela para hechiceros. Ella misma había pasado mucho tiempo en esa habitación.
   —No —susurró Maja para sí—, no puedo pensar en ello ahora, no serviría de nada.
   Le echó otra mirada de furia al cuerpo de la pobre Klara.
   —Ya no hay nada aquí para mí.
   Salió la de la habitación, no cerró la puerta. Se detuvo unos segundos antes de comenzar a bajar la larga escalera. Asintió lentamente.
   —Sí —murmuró—, eso es lo que haré; ahora mismo.
   Descendió los escalones casi con la misma rapidez con la que los había subido. Pocos minutos después ya estaba en la base de la torre, fuera de ella.
   Caminó por la peor parte del pueblo, todavía más oscura que los bosque más espesos. Conocía el camino de memoria, y sabía que no era lejos.
   —¿De regreso, tan pronto? —dijo de repente una voz rugosa a su costado.
   Un hombre corpulento salió de las sombras. Era imposible ver su rostro.
   —Sabía que volverías a mí —dijo él—, yo soy tu mejor opción.
   —En este momento, Otto, eres la única —dijo Maja entre dientes.
   —¿Qué pasó con la bonita brujita? —preguntó Otto acercándose a Maja—. ¿Cómo se llamaba?   
   —Klara —dijo Maja alejándose de él—, se llamaba Klara, y no estaba lista.
   —Por supuesto que no —dijo Otto—. Tú y yo sabíamos eso… pero ella no. Ah, la juventud…
   Maja suspiró.
   —La recuerdas, ¿no? —dijo él.
   —No vine a hablar de eso —dijo Maja.
   —No, supongo que no —reconoció Otto—. Y por cierto, ¿por qué hablas de Klara en pasado?
   Maja suspiró nuevamente.
   —Eso no es de tu incumbencia. Lo que necesito saber es si estás listo, deberás actuar antes de lo pensado.
   —Siempre estoy listo.
   —Deberás actuar rápidamente —repitió Maja—, él ya debe estar prevenido.
   —No necesariamente —dijo Otto—; ya hubo demasiados intentos de asesinato contra él para que éste le resultara sospechoso. ¿Es eso lo que hizo Klara, no? Y falló.
   Maja le dirigió una fugaz mirada de odio.
   —De todas formas debemos apresurarnos —dijo mordiéndose el labio—, la coronación será dentro de tres días.
   —Sabía que la magia no funcionaría —dijo Otto estirando el brazo para rozar el hombro de Maja—, hay ciertas situaciones que requieren el toque humano.
   —No subestimes la magia —lo cortó Maja alejando su brazo de ella—, es lo que le protege a él.   
   Otto sonrió.
   —Creo que lo mejor será actuar el mismo día de la coronación —dijo moviéndose alrededor de ella.
   Maja frunció el ceño.
   —Eso es demasiado arriesgado, si fallas no habrá tiempo para hacer otro intento.
   —Si fallamos —la corrigió Otto—; pero no te preocupes, eso no sucederá.
   —Suponiendo que tu contacto dentro del castillo sea tan bueno como dices —dijo Maja—, o crees.
   El hombre rio sonoramente ahora.
   —Mi contacto es confiable —dijo—, no te preocupes.
   —Si tan solo…
   —No —dijo Otto—, ya te dije que no te diré quién es, así que deja de molestarme con ello.
   Maja se mordió el labio.
   —Bien —dijo luego de unos minutos—, como quieras.
   Buscó entre sus ropas y le ofreció una bolsita al hombre.
   —Esta será la última vez que hablemos —dijo ella.
   —Como usted diga —dijo Otto tomando la bolsita y volvió a internarse en las sombras con la misma rapidez con la que había salido.
   Maja esperó unos minutos y luego se alejó de allí. Se dirigió a una de sus residencias en las afueras del pueblo. Cuando llegó a la puerta, sintió una presencia detrás de ella.
   —Es tarde para estar fuera —dijo una voz vacilante.
   —Maestro Jesper —dijo Maja volviéndose—, ya no soy una jovencita.
   —Tal vez —dijo el viejo—, tal vez, pero tendrás que disculparme, a mi edad todos los demás me parecen jovencitos.
   Maja forzó una sonrisa.
   —Es una noche fresca —dijo el viejo—. ¿Podría entrar a calentarme?
   —Por supuesto —dijo Maja abriendo la puerta.
 
 
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¿Te gustan los cuentos de fantasmas?


Libros_logo
  
   Buenas tardes, ya está disponible en Bubok mi nuevo libro :) Pronto habrá también un giveaway en Goodreads.
   ¿De qué trata el libro? Son seis cuentos de fantasmas, narrados en primera persona y todos se relacionan entre sí. Mmm, no voy a decir más... que a mí, cuando hablo de un libro, se me suelen escapar los finales.

Fantasmas_tapa
ISBN 978-84-686-6400-2
Editorial Bubok

Fantasmas es un libro de cuentos destinado a todo público.

   Una mudanza puede ser el comienzo de una nueva vida, en más sentidos de los que uno se imagina. Seis cuentos, tres hombres y tres mujeres narran su historia, una casa vieja y desocupada, ¿cuántos fantasmas? Solo los que se llevan consigo, los que se encuentran y los que se crean.

 
Fantasmas

(I)-Elena - Extracto

 
    […]
   Sentí cosquillas en el cuello y me desperté de golpe. La radio volvía a murmurar y la puerta del dormitorio estaba abierta. Me senté en la cama, el corazón acelerado. Miré alrededor. No había nadie conmigo en el cuarto, pero escuché ruidos desde el comedor. Desvié la vista hacia el pasillo. Una sombra se movía allí.
   ―Pero los fantasmas no tienen sombra ―murmuré.
   Sacudí la cabeza.
   «¿Qué estoy pensando? Los fantasmas no existen.»[…]

Los fantasmas que se llevan consigo, los que se encuentran y los que se crean. Twittea
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El día que un cuento mío se hizo francés


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   Primera entrada para anuncio de novedades; breve, pero interesante (aunque sea yo misma la que lo diga, je). Hace unos meses recibí una propuesta para traducir al francés uno de mis cuentos. La iniciativa busca promocionar, entre los lectores francoparlantes, autores de diferentes países.
   Les dejo el enlace para la selección Lectures d'Argentine 2 donde se incluye mi cuento «Rompecabezas de ensueño». ¿Cómo hacer para encontrarlo? ¡Pues hay que ir hasta el final del índice!
  
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