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El emperador - Cap IV


  
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   Novelette que consta de cinco capítulos. Continúa la historia planteada en los cuentos «El hechizo» (protagonizado por Klara y Rasmus) y «Traición» (protagonizado por Maja y Rasmus). Tiempo después, se agregó un nuevo cuento a esta historia: «El talismán del emperador» (estén atentos a los enlaces, al final hay un añadido más).

 

Capítulo IV

  
   Dos días después de su encuentro con Maja, Otto esperaba en la mesa del rincón de un bar bastante concurrido. Solamente tenía vaso de cerveza medio beber en sus manos. Parecía estar pasando el tiempo nada más, pero cada vez que se abría la puerta, su mirada atenta hacía un paneo fugaz. Antes de que se cumpliera una hora había llegado la persona que buscaba.
   Una mujer muy joven se acercó a su mesa.
   —Hola —dijo ella con timidez.
   Él alzó la vista y le ofreció una de sus mejores sonrisas.
   —Hola, Fanny, toma asiento. ¿Quieres algo de beber?
   —No —dijo ella sentándose, apresurada, mirando hacia todos lados.
   —No te preocupes —dijo Otto—, nadie nos presta atención.
   Fanny se inclinó hacia él.
   —Pensé que ya no me llamarías —susurró—, cada vez se está haciendo más difícil salir del castillo.
   Otto estiró el brazo para tomar la mano de ella.
   —Por supuesto que llamaría –dijo con un acento de sinceridad en su voz—, sabes lo que siento por ti.
   Ella se sonrojó; él soltó su mano.
   —Pero hay algo que debemos hacer antes —le puso una bolsita en la mano—. Pon esto en su té, lo inmovilizará durante algunos minutos.
   Fanny guardo la bolsita rápidamente en su bolsillo.
   —Para lo otro, debes esperar a mi señal —prosiguió Otto—. ¿Trajiste lo que te pedí?
   —Sí —dijo Fanny a la vez que le alcanzaba un paquete.
   —Lo haremos esta noche —dijo Otto sin preámbulos.
   —¡Esta noche! —exclamó ella y se tapó la boca con presteza volviendo a mirar a su alrededor.
   —Sí —dijo él—, estaré allí en un par de horas. Estate alerta. Ahora vete.
   —Pero… —dijo ella.  
   —No puedo explicarlo ahora, pero tiene que ser esta noche, y luego tú y yo...
   Ella se sonrojó nuevamente y salió del bar. Se dirigió al castillo con paso vacilante. Caminaba por minutos mirando hacia todos lados, y luego mirando hacia abajo. No podía defraudarlo, Otto había sido el único hombre que la había comprendido, el único que le había prestado atención.
   Llegó al castillo poco después y se dirigió hacia la entrada para los sirvientes.
   —¡Por fin! —dijo la rechoncha ama de llaves apenas entró—. ¿Dónde estabas? Hace rato que te estoy buscando.   
   —Salí a llevarle un encargo a mi madre —dijo Fanny—, usted sabe que ella…
   —Sí, lo sé —la cortó la ama de llaves—; pero este no es el momento para cuestiones personales. Hay mucho por hacer aquí, ¿o acaso no recuerdas que mañana es la coronación?
   Fanny calló y siguió al ama de llaves hasta la cocina.
   —Hay que pulir toda la plata —dijo la rechoncha mujer—, y luego se deben cambiar las corinas de la sala.
   Fanny asintió en silencio y suspiró, iba a ser un día larguísimo.
   Pasaban de las once y Fanny seguía en la cocina. Ya hacía rato que todos habían ido a dormir. Sólo quedaban dos soldados haciendo guardias somnolientas y ella, que estaba de servicio esa noche, como ella misma había solicitado.
   No sabía muy bien cuál era la señal que debía esperar pero Otto le había asegurado que la reconocería. Casi a medianoche, los dos soldados pasaron junto a ella apresuradamente.
   «Esa debe ser», se dijo Fanny y se apresuró a correr hacia una de las ventanas.
   Tiró hacia abajo una cuerda amarrada con anterioridad y esperó con impaciencia. Miraba cada tanto el regreso de los soldados. Otto apareció en el marco de la ventana segundos después y ella lo ayudó a entrar. Sin hablarse, ella le señaló en una dirección. Él desapareció por allí, ella se apresuró a ocultar la cuerda.
   Los soldados ya estaban regresando.

 

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