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Seis lecciones de escritura



   En esta serie de tres posts me gustaría reflexionar un poco más sobre mi situación actual con la escritura. Ya en otros posts había hablado sobre el camino que me trajo a este momento.
   Ya hace casi diez años desde que comencé a escribir mi primera novela La elección de Kendria. ¿Qué fue lo que aprendí? ¿Cómo la veo ahora? ¿Cómo fue mi experiencia de escritura? ¿Dónde estoy ahora?

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Mi primera novela, lecciones aprendidas

 
   Primero tengo que decir que hace años que no releo mi novela, en general no lo hago con ninguna una vez que las publico. En cierta forma, me da miedo. Pero la recuerdo con mucho cariño, y este es un resumen de lo que aprendí de ella:
  1. Escribir una novela no es tan fácil como parece… 
  2.    Tienes una historia en la mente y quieres ponerla en papel, parece sencillo, ¿no? Sin embargo, trasladar todos los detalles de lo que uno imagina y siente a simples palabras escritas no es tan simple. Los párrafos en la página nunca llegan a reflejar lo que una se imagina. Y a veces pasas días pensando en el mundo de tu novela y su backstory para que todo tenga sentido.

  3. y a la vez sí lo es.
  4.     Con La elección de Kendria no me resultó tan difícil escribir el primer borrador, aunque sí me llevó varios meses. Si bien a veces sentía que mi mano no avanzaba lo suficientemente rápido en el papel, no seguía ningún plan en especial, escribía cuando quería. Creo que lo que más extraño de esa primera novela es que no tenía más expectativas que ponerla en papel, no pensé en nada más. Y así debería ser, para el primer borrador.

  5. La escritura lleva más corrección de lo que parece.
  6. Escritura_logo   Ja, una de las lecciones más duras. ¿Quién diría que habría que revisar tantas veces tus propias palabras? Entre otras cosas, tuve que aprender el uso correcto de los guiones de diálogo. Y todavía tengo dudas.
       Esa es la razón por la que no me gusta leer mis escritos más viejos, je. Antes no sabía lo que sé ahora, y eso que ahora todavía sé muy poco. Definitivamente, podría volver a corregir todo lo que escribí hasta ahora, pero a veces hay que avanzar, aunque no nos guste lo que dejamos atrás. ¡Más corrección! -> Uno de los objetivos del año.

  7. Tal vez no debería haberme apresurado a publicar, aunque tal vez sí.
  8.    A veces pienso que tendría que haber esperado un poco más antes de publicar. A veces pienso que no estaría ahora donde estoy si lo hubiera hecho, porque también aprendí de ese proceso. Hay mucho de lo que me arrepiento sobre este punto. (suspiro)

  9. Escribir cuentos es más sencillo, pero no tanto.
  10.    En ocasiones la idea que se tiene no es lo suficiente para escribir una novela, para expandirse durante tantas páginas. Fue lo que sucedió con Aglaya, que terminó siendo una novelette. Demasiado largo para un cuento, demasiado corto para una novela. Me gusta escribir ambos géneros, pero lo que se necesita para las novelas, es diferente de lo que se requiere para los cuentos. No es la cantidad de palabras, no es el mundo que se crea; una novela requiere capas, donde un cuento solo sugiere; pide un entramado completo, donde el cuento es un hilo sólido, a veces con destellos.

  11. Repito mucho la palabra «pero».
  12.    ¡Puedo encontrarla varias veces en la misma página! No sé qué fijación tengo con esa palabra, pero está por todos lados. No es la única, no, solo es la que más me molesta que aparezca como plaga.
   Escribir mi primera novela fue un aprendizaje en varios sentidos: lo que me hubiera gustado hacer diferente y lo que me gustaría recuperar.
   ¿Qué me dicen ustedes? ¿Qué aprendieron de su primera novela? ¿Cómo se llevaron con el primer enfrentamiento a semejante reto?
 


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Solo un sueño


Cuentos_logo
 
   El salón refulgía, como si estuviera adornado con miles de diamante de variados colores. O tal vez se veían así porque ella no dejaba de girar y girar entre esos brazos tibios que la sostenían como sus propias piernas nunca lo habían hecho antes.
   El baile era magnífico. Había allí gente de todo el reino, y de otros también. Ella había visto tantas caras nuevas que ya no recordaba ninguna, solo la que tenía enfrente. Ese rostro estaba a unos pocos centímetros de ella y era uno que nunca había esperado tener tan cerca. El príncipe le sonreía mientras los hacía girar por el enorme salón. Las demás parejas se movían para abrirles camino a su paso, y ellos giraban con ligereza a través de todo el salón.
   Ella no sentía nada, nada más que el brazo que aferraba su cintura, que la mano que sostenía sus dedos con delicadeza y los pies que rozaban los suyos, apretados en esos zapatos nuevos, y que nunca la pisaban.
   Vio la sonrisa del príncipe acercarse y de repente sintió pavor. Si bien era hermosa, por algún motivo, no quería que esos labios rozaran los suyos.
   Lo empujó, se liberó de su abrazo y soltó su mano.
   Salió corriendo entre los gritos de los asistentes del baile. La voz del príncipe se ahogaba entre ellos y ella no escuchó nada. Corrió hasta que ya no hubo gente a su alrededor. Una leve corriente de aire fresco le decía que estaba cerca de una salida y se apresuró hacia allí. Corrió mientras bajaba los escalones, se torció el tobillo y se le rompió un tacón. Corrió un poco más y lo que quedaba del zapato se le salió del pie.
   Se detuvo.
   Estaba aterrorizada. No porque el príncipe la encontrara, sino porque lo hiciera e intentara besarla. No quería ese beso. Reprimió un grito ahogado y siguió corriendo.
   Escuchó pasos agitados a su espalda y apresuró el paso, ya solo quedaban algunos escalones. Saltó los últimos y el pie se le clavó en una piedra. Sofocó un chillido y se agachó para sostenerse el pie. Estaba húmedo. Cuando separó las manos para observarlas vio que estaba sangrando. Se cayó hacia atrás, le faltaba la respiración.
   Todavía se escuchaban los pasos, pero ella solo tenía oídos para su propia respiración, sentía el terror de esa sangre. Notó un agudo pinchazo en el dedo, también estaba sangrando. Se miró la mano y vio el anillo, aunque no la sangre. Perdió la respiración. La sangre no estaba; sin embargo, lo había estado, en su fiesta de cumpleaños, cuando había bailado con aquel príncipe.
   Se llevó las manos a la boca y se rozó los labios. Cerró los ojos con fuerza. Eso había ocurrido hacía mucho tiempo, no sabía cuánto. No importaba que los pasos se acercaran, no eran reales, ella estaba dormida. Llevaba durmiendo tanto tiempo que ya no se acordaba. Solo podía soñar con el baile, el príncipe y el beso.
   Ahora recordaba por qué la asustaba tanto. Porque había pasado y desde entonces ella dormía, dormía eternamente hasta que se lo devolvieran.
   Los pasos ya no se acercaban. Estaba sola al final de las escaleras. Oía el baile en los salones del palacio, el palacio de su padre, su fiesta de cumpleaños. La que había anticipado durante tanto tiempo y ahora revivía a cada rato. Había planificado ese festejo durante meses, tal vez durante años. Inclusive había ayudado a coser su propio ajuar. Era la fiesta en la que dejaría de ser una niña, se convertiría en mujer y podría reír como su madre mientras giraba por el salón de baile.
   Aquella noche llegó clara y cálida. Todo el reino estaba presente y todos la querían a ella tanto como ella a su reino. Pero quien llamó su atención fue un príncipe de otro lugar. Si bien no reconoció sus ropajes, su sonrisa era de ensueño y sus manos estaban tan cálidas que le abrasaban la piel a través del vestido. Había bailado con él casi toda la noche, canción tras canción, sin cansarse, sin querer detenerse. Deseaba que el salón cubriera kilómetros y kilómetros solo para que ella pudiera seguir girando.
   Pudieron pasar años desde la primera vez que viera a aquel extraño príncipe y que dieran el último baile antes de alejarse hacia una de las mesas donde todavía quedaba algo de comida y bebida. Ella se sentó de inmediato, para poder descansar los pies; él la animó a apartarse otra vez y acercarse a los jardines, allí donde comenzaba el inmenso laberinto verde.
   El lugar estaba tan iluminado que era como si fuera de día. Por allí merodeaban varias parejas que habían dejado el baile tiempo atrás. Ellos dos se internaron en uno de los rincones más apartados. En ese lugar había un pequeño banco donde se sentaron.
   Estaban tan cerca que sus rodillas se pegaron unas a las otras. Ella bajó la mirada hacia sus manos. Se acomodó el vestido y sintió un pinchazo, la sangre comenzó a salir con prisas. Él tomó su mano y acarició su dedo con los labios hasta que ya no sangró. Ella volvió a bajar la mirada hacia su regazo, donde latían sus manos.
   Él se acercó un poco más. El aire a su alrededor había perdido la frescura de la noche y ardía con toda la intensidad de un amanecer. Cuando ella volvió a levantar el rostro, los labios de él cayeron sobre los suyos. Ella cerró los ojos y abrió la boca un poco, sintió el aliento de él y después cómo ella perdía la respiración.
   Notó un fuerte resplandor a través de los párpados y, sobresaltada, se separó de él y abrió los ojos. Ya no estaban solos. Había una extraña mujer a su lado. No la reconocía.
   La mujer rio.
   —Oh, mi pequeña princesa, me temo que ha llegado la hora.
   Se escuchó un grito ahogado. La princesa se dio la vuelta para ver a su madre caer en los brazos de su padre. Estaba lleno de gente a su alrededor.
   —Mi pequeña princesa —repitió la mujer—. ¿Qué es eso en tus labios? ¿El sabor de tu primer beso? Ahora es de mi hijo y de nadie más. Dormirás hasta que se te devuelva.
   —No, por favor —intercedió su padre—, ella es tan joven.
   —Y lo seguirá siendo. Será joven por una eternidad. Al igual que mi hijo, mientras él posea su primer beso. Su primer beso de mujer.
   El príncipe seguía sentado frente a la princesa. Ella lo miraba con ojos llorosos, él solo tenía ojos para su madre.
   —Por favor —repitió el monarca—, castígame a mí, yo fui el que olvidó invitarte.
   La reina se aferraba a su marido.
   —Ah, mi querido rey —el hada se volvió hacia él—, te estoy castigando a ti.
   La reina, en un impulso, abandonó a su esposo y corrió hacia su hija. Llegó a ella cuando ésta ya cerraba los ojos.
   —Mami, tengo mucho sueño.
   La madre sollozó y la apretó entre sus brazos. Ella se deslizó dentro del sueño, donde todavía escuchaba las voces de la fiesta. Y por un momento creía estar todavía dando vueltas en los brazos del príncipe. Hasta que sentía el beso y el agudo dolor en el dedo. Y la sangre, la sangre que corría por su mano. Podía sentir el regusto en sus labios, en su lengua. Quiso sacarse ese sabor de la boca, pero no podía despertarse.
   Siempre volvía a soñar con la fiesta, la fiesta y el baile, la fiesta y el príncipe, la fiesta y el beso. Se removió en sueños e intentó abrir los ojos que ya tenía abiertos, no podía. Lo único que veía era la fiesta, lo único que oía eran los sollozos de su madre, que se alejaban más y más, y lo único que sentía era el beso en su boca, el beso con sabor a sangre.
   Ella estaba consciente de que dormía y de que lo había hecho durante mucho tiempo, si bien no cuánto. Solo sabía que debía seguir soñando hasta que le devolvieran su beso, su primer beso de mujer. Sin embargo, cada vez que los labios del príncipe se acercaban ella, salía corriendo, aterrorizada. Era imposible saber el tiempo transcurrido porque siempre se veía igual. Eternamente joven, eternamente dormida.
   Los acordes de las canciones sonaron otra vez y ella supo que el baile comenzaba. La música la llamaba. Su príncipe la estaría esperando. Se llevó los dedos a los labios y se secó la saliva.
   Sentía ganas de dormir. ¿Cómo podía ser que tuviera sueño cuando estaba dormida? Tal vez porque en los sueños podía pasar cualquier cosa. La música la fue adormeciendo y ella a duras penas llegó a su habitación antes de perder la fuerza en todo su cuerpo. El baile seguiría allí cuando quisiera ir.
   Se recostó en la cama antes de cerrar los ojos. Oía el sollozo lejano de su madre y ya casi nada la música, aunque sí voces y voces. Casi tantas como en el baile, risas y risas como si a nadie le importara que ella estuviera durmiendo. El sollozo de su madre ya solo era un recuerdo. Las voces estaban más cerca y también sintió un calor que se aproximaba a ella, casi como el del príncipe. Sintió que el ardor se reunía en su frente y notó el roce de unos labios.
   El beso la sobresaltó y se incorporó de golpe en la cama. La risa llenó sus oídos, era una risa conocida, una risa que la tranquilizaba. Enfocó los ojos en el origen de ese sonido.
   —Lamento haberte asustado, hija —él le rozó la mejilla—, solo quería despedirme de ti. Me voy de viaje por trabajo durante unos días. —Le acarició la frente—. Vuelve a dormirte, todavía es muy temprano.
   Ella volvió a recostarse; no obstante, no cerró los ojos. Observó cómo su padre le dedicaba una última sonrisa antes de abandonar la habitación. Ella se quedó en la cama hasta que salió el sol.
   ¿Qué había sucedido con el sueño? ¿Había cambiado luego de tantos años?
   No se movió hasta que escuchó ruidos en la parte de abajo de la casa. Ese lugar era a la vez conocido y extraño. Se levantó y dio unos pasos. El pie no le molestaba.
   «Solo fue un sueño», se dijo y le aterrorizó pensarlo. Esta no era su verdadera vida ¿no? Ella era una princesa.
   Salió de la habitación y chocó contra una mujer que la agarró por los hombros y la sacudió.
   —¿Qué haces todavía durmiendo? ¿Es que no vas a preparar nuestro desayuno?
   La arrastró hasta la cocina. Allí había otras dos jóvenes de su edad. Reían de forma descabellada y no se volvieron a verla. La mujer la empujó hacia las hornallas.
   —Ve a preparar el desayuno. ¡Apúrate! Tenemos un día muy agitado. La modista estará aquí pronto, tus hermanas quieren vestidos nuevos para el gran evento.
   Ella, parada frente a la cocina, de repente supo qué era lo que debía hacer. Sus movimientos eran automáticos mientras preparaba la comida. Las voces a sus espaldas se parecían a las del sueño, palabras y palabras en un torrente sin sentido, abrumador.
   Después del desayuno, la empujaron hasta la sala para que limpiara. Sus hermanas recibirían a la modista allí.
   «Pero no son mis hermanas, no en realidad», dijo para sí mientras sacudía el polvo del piso y de los muebles.
   Todavía seguía fregando alrededor de ellas mientras la modista tomaba las medidas. Las jóvenes ya habían elegido las telas.
   —No escatimaremos en gastos —dijo la mujer mientras se pavoneaba al caminar por el salón—. Es el baile real —sonrió y la princesa dejó caer lo que tenía en las manos. La mujer se volvió con los ojos entornados—. ¡Ten más cuidado!
   —¿Un baile? —murmuró ella.
   —Sí —dijo la ayudante de la modista, una muchacha joven—, el baile real. Dicen que el propio príncipe buscará allí esposa.
   La modista le hizo una seña para que se callara.
   —Y seré yo —dijo una de las hermanas.
   —No, seré yo —aseveró la otra.
   Ella se llevó los dedos a los labios.
   «Un baile. El príncipe. —Cerró los ojos. —El sueño.»


   Este cuento se publica por primera vez. Forma parte de los retos de escritura del portal El libro del escritor, pasen por allí a ver los retos y participantes. En este caso elegí Reescribe un cuento de hadas clásico.


Este cuento forma parte del recorrido del beso, puedes acceder al siguiente a través de la palabra clave o desde aquí Recorrido_logo.

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Por qué creo que la literatura fantástica es la nueva mitología



   En esta serie de tres posts, quisiera explorar brevemente la literatura fantástica, un género que me encanta.
   En la primera parte, intenté una definición de la literatura fantástica; en la segunda, hablé sobre las diferencias con la ciencia ficción o ficción científica. Esta última entrada es más bien una reflexión sobre lo que significa hoy, para mí, la literatura fantástica.

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¿Es la literatura fantástica la mitología de este siglo?

 
   En una tesina que escribí hace unos años planteaba que la literatura fantástica es la mitología de este nuevo siglo. Las historias que perduran en el tiempo por su capacidad de asombro, por llevarnos a otros mundos y, sin embargo, hablarnos de nosotros mismos.
   En ese momento, al analizar los libros de la trilogía Terramar de Le Guin, escribí: tratan de ahondar en el subconsciente del hombre, apuntan a los conocimientos que están más allá de la lógica, pero que no por ello dejan de ser verdaderos. Reflejan un verdadero complemento del mundo material actual: este es el gran valor que aporta la fantasía en estos días y que antes solía cubrir la mitología.
   ¿Todavía creo eso?
   La respuesta es sí, aun pienso que la literatura fantástica tiene todo el potencial para ser el género que represente a la mitología del nuevo siglo. Aunque también es cierto que todavía le falta camino por recorrer para ser aceptada, para lo cual considero que debe alejarse de ciertos estereotipos. Sí, los elfos y los enanos forman parte de su mundo, pero la literatura fantástica es mucho más que un huérfano viajando para encontrar la gema de poder.
Escritura_logo   Me parece que la literatura fantástica nos abre un universo de posibilidades que no estamos aprovechando. ¿Por qué quedarnos solo con un aspecto de ella si justamente su belleza radica en la libertad que nos da para explorar otros caminos? No voy a decir que nunca caí o caigo en los estereotipos del género, pero en general no trato de seguirlos solo porque eso es lo que se espera como novela fantástica.
   En conclusión, la fantasía no es nueva, creo que existió desde siempre, desde que se sintió la necesidad de narrar historias. La literatura fantástica es más bien un resurgimiento de aquellas historias, es la fantasía incluida en el mundo de hoy, va desde el elemento fantástico que quiebra la realidad hasta la creación de otros mundos.
   Sin duda, voy a seguir escribiendo en este género (siempre me atrajo mitología, así que considero natural este interés), aunque no va a ser el único, ya tengo otros en mente. ¿Qué piensan ustedes? ¿Qué significa la fantasía hoy?
 


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Antifaces - No te guíes por las apariencias, todos usamos máscaras


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   Antifaces


  Nuevo libro, disponible solo en Amazon.
 
Tapa_Antifaces
 
No te guíes por las apariencias. Todos usamos máscaras.
  
   Norah tiene una vida ordinaria: comparte una casa con sus tíos y estudia en la facultad de Buenos Aires. Su vida es tan común que se vuelve aburrida, la carrera que eligió no es lo que esperaba y sus tíos no se preocupan por ella lo suficiente, cuando todo lo que Norah ansía, en secreto, es una familia. Pero al menos ella sabe bien cómo son las cosas; ya lo tiene todo etiquetado, a sus tíos, a sus compañeros, a todo lo que se le cruza. ¿O no?
   Cuando una noche escucha los gritos de una joven, no lo duda. En seguida reconoce la situación y corre a ayudarla, algo que después lamentará haber hecho. Aquella joven, Clíona, y sus amigos empiezan a seguirla y presionarla; mientras tanto, en casa, sus tíos comienzan a actuar de forma extraña.
   Finalmente, acepta ir con Clíona y entonces descubre no solo un mundo mágico, sino que ella forma parte de él y tiene que elegir un bando en una lucha que todavía no comprende. Sin tiempo para pensarlo, desentierra su propia magia y se tropieza con la historia que sus tíos le omitieron sobre sus padres.
   Regresa a su casa, llena de preguntas, para encontrar que sus tíos desaparecieron. Y lo que es peor, vuelve a encontrarse con uno de los jóvenes que atacaron a Clíona, ¿es que acaso él también la está siguiendo? Hay un solo lugar donde puede hallar las respuestas sobre su pasado y Norah está dispuesta a ir en su búsqueda. Pero a medida que sus habilidades crecen, también lo hacen sus dudas. ¿Quiénes son en verdad sus nuevos amigos? ¿Qué le están ocultando? Antes de que pueda descubrirlo, una cruenta batalla la hace huir.
   Ahora está sola, está desesperada, no sabe a quién creerle y tiene que tomar una decisión. Si no confía en su propio juicio, ¿podrá confiar en el de alguien más? Lo único que tiene claro es que ya no puede mantenerse neutral, debe elegir un camino, pero ¿cuál es el correcto?
   En esta novela nada es lo que parece y Norah debe aprender a desconfiar de todas sus ideas preconcebidas y aprender a confiar en su instinto, a la vez que se reconecta con la naturaleza, la magia que fluye a través de ella y su familia.
   

"Su estilo de escritura es directo y sencillo, logrando una lectura rápida y agradable." - Reseña en el blog Serendipia azul


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Ilusión


Cuentos_logo
 
    La conoció una tarde de domingo, en una plaza. Las hojas amortiguaban sus pasos, el viento algodonaba sus palabras. Veía la luz del sol más que sentirla. Cuando cruzaron el puente en el medio del parque, él ya no sabía si seguía estando despierto, si lo había estado en algún momento.
    —¿Eres real? —le preguntó.
   Ella rio y esa sonrisa resonó en la cabeza de él.   
   Poco después la estaba besando. De allí hasta despertar con su cuerpo a su lado no fue nada más que un largo pensamiento. La luz matinal titilaba en la piel casi traslúcida de ella. Él siguió con un dedo las distintas curvas de su cuerpo, hasta que los párpados de ella se movieron.
    —Buen día —dijo él, pero ni aún en ese momento pudo recordar su respuesta.
    Su sonrisa se abrió como una flor y él olvidó una vez más el tiempo.
   Al día siguiente acudió al trabajo como siempre. La oficina le pareció algo sombría y se preguntó si las luces habrían cambiado. Durante el almuerzo contó sus aventuras del fin de semana. Y sus compañeros no dejaron de molestarle cuando él no fue capaz de recordar el nombre de la dama.
   Su frío departamento no se molestó en recibirlo. Él tiró su saco en el sofá y abrió las cortinas a una noche negra. Comió solo en la cocina, parado junto a la mesada. Cuando estaba decidiendo si ver televisión o no, sonó el timbre. Se alegró de poder contestar.
    Ella le sonrió desde el marco de la puerta.
    —¿Quién eres?
    Un largo beso, y él ya dormía como un bebé.
    La ventana de su habitación estaba abierta. La mañana entró con la misma necesidad de ir a una oficina cada vez más oscura.
    —Te ves mal —le dijo uno de sus compañeros.
    Él sonrió, abrió la boca y luego recordó que nuevamente había olvidado su nombre. Estaba seguro que se lo había preguntado, pero no recordaba la respuesta. A decir verdad, no recordaba siquiera el sonido de su voz.
    Esa noche, cuando llegó a su casa, se sentó a esperar en el sofá. Al cabo de unas horas sonó el timbre. Ella levitó dentro de la habitación, parecía pesar lo mismo que un suspiro.
    —¿Quién eres?
    Ella sonrió. Él se apartó.
    —¿Qué eres?
    Ella miró por la ventana, había comenzado a llover. Se volvió hacia él, las mejillas húmedas. El olor a tierra mojada inundó el departamento.
    Cuando despertó, estaba tendido bajo un árbol, a pocos metros del puente del parque. Quiso ver la otra orilla, pero una fina capa de bruma se lo negaba. Caminó de vuelta su departamento.
    La oficina lo nubló con una luz fulgurante. Un compañero se le acercó con preocupación.
    —Te ves cansado, hombre, y eso que recién es lunes.
    El frunció el ceño, pero cuando abrió la boca no salió ningún sonido. Solo la risa de ella resonó en sus oídos.


   Este cuento se publicó originalmente en el blog Hojas de cuentos, el cual estuvo activo durante varios años. Allí apareció en mayo de 2012.


Este cuento forma parte del recorrido del beso, puedes acceder al siguiente a través de la palabra clave o desde aquí Recorrido_logo.
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Brujas anonimas - Libro I - Giveaway


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   ¡Una semana para participar del sorteo!
 

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   ¿Y si un día descubrieras que existe otro mundo dentro de tu propia ciudad?
   La vida de Micaela cambia repentinamente cuando le abren los ojos a lo que la rodea: un lugar lleno de misterios donde las esquinas esconden peligros y un simple viaje en subte es toda una aventura. Las calles de Buenos Aires no serán las mismas cuando ella acceda a sus secretos y conozca realmente a todos sus habitantes.
 
   Brujas Anónimas es una nouvelle orientada a un público juvenil y con una temática fantástica. Se desarrolla en la ciudad de Buenos Aires, Argentina. Sigue la historia de Micaela, una joven universitaria que un día descubre, a su pesar, la existencia de una sociedad paralela dentro de su propia ciudad.
 
   Libro I
   Comienza la aventura de Micaela. ¿Qué fue lo que le sucedió en la plaza? ¿Quién es esa joven de negro? ¿Existe en realidad la magia? Descubre esto y mucho más en el primer libro de la serie Brujas anónimas.
 
   Brujas anónimas nació como una blognovela y se encuentra todavía publicada íntegramente en dicho blog. La serie consta de cuatro libros, dos de cuales están terminados y el tercero está en proceso de escritura. Si quieres saber más, visita el blog.


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