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Una cerradura para cada llave


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   Se levantó de golpe. Se sentó en la cama, y se arrepintió de inmediato. La cabeza le latía como el corazón de un elefante. Volvió a recostarse en la cama y trató de recuperar la respiración. Tuvo que cerrar los ojos para evitar la luz que ingresaba a través de la ventana cuya persiana había olvidado bajar. Se pasó la lengua por los dientes y sintió arcadas. Apoyó el dorso de la mano sobre la boca y esperó a que se le pasaran.
   Cuando pudo abrir los ojos otra vez, miró al reloj en la mesa de luz: ya había pasado el mediodía. Frunció el ceño y se dejó caer sobre la almohada.
   Pasaron varios segundos antes de que susurrara:
   —Domingo.
   Cerró los ojos de nuevo un instante y respiró profundamente. Cuando volvió a divisar su habitación, ésta se hallaba inmóvil. Levantó las manos para correr los cobertores y sintió algo pesado en su mano izquierda. La abrió con una mueca de dolor. Había apretado tanto el objeto que se le había incrustado en la palma y en los dedos. Lo observó un largo momento. Le llevó tiempo darse cuenta de que era una llave. Una de esas antiguas, pesada, con dos dientes y con un mango trabajado.
   —¿De dónde es? —musitó sin dejar de mirarla.
   Se levantó de la cama y la comparó con las suyas. No era similar a ninguna. Inspiró e hizo un esfuerzo por recordar la noche anterior. ¿De quién sería esa llave? ¿Por qué la tenía ella, tan apretada en su mano?
   Aun sin un solo recuerdo en su mente, fue hacia la ducha. El latido detrás de sus ojos y la sensación de su boca le decían que había estado en un bar la noche anterior, pero no sabía nada más. Revisó todas las cerraduras de su casa, no encajaba en ninguna.
   Llamó a sus amigos.
   Ninguno de ellos había perdido una llave. Ella no podía hacer nada más que observarla sobre su palma mientras hablaba con cada uno de ellos. Incluso conversó con algunos que no habían ido al bar la noche anterior ya que no recordaba quiénes habían estado allí y quiénes no. Tampoco se acordaban muchos de ellos. Por lo menos sabían que habían llegado todos juntos; sin embargo, entrada la noche se habían perdido de vista. Ella declinó una invitación para verse esa noche y, luego de colgar, ya no llamó a nadie más.
   Pasó la tarde del domingo revisando cada parte de su casa, cada cajón, cada baúl, caja o cualquier cosa que pudiera tener una cerradura. No encontró ninguna donde encajara la llave. A pesar de ello, no podía dejar de mirarla, sentía algo familiar respecto a ella. Y haberla tenido apretada con tanta fuerza tenía que significar algo.
   A la noche, con la casa patas para arriba, se dio un baño cliente y volvió a meterse en la cama. No fue hasta que oyó rezongar a su estómago, que se dio cuenta de que no había comido. No quiso levantarse. El dolor de cabeza por fin se había ido, aunque todavía estaba exhausta y al día siguiente era lunes.
   Dejó la llave sobre la mesa de luz y se durmió casi sin proponérselo.
   Cuando se despertó por la mañana, tenía la llave otra vez en la mano, la notó apenas abrió los ojos y no la vio en la mesa de luz. Sintió pánico.
   Después de mucho dudarlo, se decidió a llevar la llave consigo al trabajo. Luego de que varias personas le preguntaran por la noche del sábado, notó que algunos de ellos habían estado en ese bar. Sin embargo, ninguno recordaba haberse ido de allí con ella, ni tampoco perder nada en ese lugar.
   Durante la hora de almuerzo, se quedó en la oficina para probar la llave en cada una de las cerraduras, en cada uno de los cajones que encontró. Volvió a sentarse en su silla con un suspiro. No funcionaba en ninguna. Miró la llave otra vez, y tuvo que guardarla cuando comenzó a retornar la gente.
   De regreso a su casa, pasó por el bar al cual habían ido el sábado, parecía no más que una casa vieja. Llamó repetidas veces, incluso golpeó y dio gritos. Estaba cerrado. Era lunes, después de todo, y ni siquiera había llegado el atardecer.
   Siguió camino hacia su edificio. La mano en el bolsillo, apretando la llave.
   Sabía que había algo distinto mientras andaba y no terminó de entenderlo hasta que llegó a la puerta de su casa y sacó la mano con la llave desconocida. Estaba latiendo contra su palma. No se veía diferente, sino que la sentía, sentía los pequeños latidos acompasados al suyo y entonces recordó algo.
   —No puede ser —susurró sin dejar de mirar la llave en su mano, aun parada frente a la puerta cerrada de su casa.
   El recuerdo fue fugaz: solo una visión del bar y un cuarto trasero, uno con menos gente, menos ruidos y algunas bebidas extrañas. La memoria se detuvo allí.
   Ella esperó un poco más, ninguna otra imagen entró en su mente. Le costó quitar la llave de su vista para abrir la puerta de su casa.
   —Una vez dentro, no podía parar de moverse de un lado a otro, con la llave en mano, aunque no hacía nada en particular. Si bien quería regresar al bar, sabía que seguiría cerrado. Solo podía esperar. Se llevó las manos a la cabeza y bufó. Luego recorrió el departamento en busca de algo de beber; lo único que encontró para distraerse fue dormir.
   Durmió hasta el mediodía del día siguiente, después de haber llamado para avisar que estaba enferma. Y se quedó en la cama hasta que se hizo de noche. Entonces se vistió con rapidez y fue al bar. Había poca gente esa noche, no obstante, ella no se fijó en nadie, llegó al pequeño cuarto como si lo conociera.
   Allí había algunas personas que la miraron durante un momento, y nada más. Los tragos estaban servidos en las diferentes mesas, como si estuvieran dispuestos para que los tomara quien quisiera. No parecían tener nada de particular salvo que daban la sensación de latir como la llave. Tomó uno en sus manos y los recuerdos la abatieron.
   Con los ojos todavía agrandados y conteniendo la respiración, soltó el vaso y sacó la llave. No le importó la gente que la miraba mientras ella se levantaba la ropa y encajaba la llave en su ombligo. Ajuste perfecto.
   Ella parpadeó.
   —Pero ¿qué abre?
   El latido le quemaba la mano sudorosa que no se animaba a girar.


   Este cuento se publica por primera vez. Forma parte de los retos de escritura del portal El libro del escritor, pasen por allí a ver los retos y participantes. En este caso elegí Escribe un relato en el cual el personaje principal se despierta con una llave agarrada en su mano. Céntrate en cómo llegó a tener esa llave y qué abre.


Este cuento forma parte del recorrido de la llave, puedes acceder al siguiente a través de la palabra clave o desde aquí Recorrido_logo.



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