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Dormida


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   Ella se había dormido, él se había levantado. El sol había salido hacía poco, todavía no iluminaba lo suficiente; solo se veían contornos y sombras en la habitación, pero él no se molestó en prender la luz.
   Fue hasta el baño con paso decidido y cerró la puerta con cuidado, las luces seguían apagadas. La ducha no duró mucho y, quince minutos después, también había terminado de cepillarse los dientes. Salió del baño mientras el agua del tanque todavía cargaba.
   Iba a salir de la habitación, para desayunar, cuando oyó el teléfono. La campanilla era tan insistente como sólo podía serlo temprano en la mañana. Él se acercó a la mesita de luz, ella todavía dormía. La miró un momento, ni siquiera se había movido.
   Descolgó el teléfono, el auricular estaba frío, su oreja resistió el primer contacto. La llamada era del trabajo, la secretaria de su jefe, quería saber si ya se había levantado, si ya había mirado su correo. Él contestó lo mejor que pudo y colgó.
   Caminó de vuelta hacia la puerta de la habitación, se tomó unos minutos para mirar alrededor. Ella todavía dormía, en la misma posición. Él salió.
   El café tardó mucho en hacerse, tal vez porque sabía que él estaba apurado por comenzar su trabajo. A pesar de ello, decidió que no encendería la computadora hasta que no hubiera desayunado. Tal vez ella se levantaría a desayunar con él; miró hacia la habitación, no oyó ningún ruido.
    Media hora más tarde estaba frente a su escritorio y vio lo que le habían enviado. Golpeó la mesa en frustración, otra vez el mismo problema. Estuvo trabajando hasta el mediodía, sin levantar la mirada de la pantalla. Ella seguía dormida. El teléfono sonó de nuevo.
   Él lo dejó sonar, pero ella no lo atendía. Él se levantó, tomó el auricular y contestó con gruñidos, y colgó con fuerza. Luego se detuvo para ver si escuchaba algún sonido desde la habitación. Nada. Le pareció extraño que ella no se hubiera levantado, pero lo cierto era que había estado despierta hasta tarde, algo sobre un dolor de cabeza. No lo recordaba bien.
   Volvió a su escritorio, decidió prestar atención a cualquier movimiento en la habitación contigua. Pasaron dos horas, y no se dio cuenta. El teléfono sonó de vuelta. Él esperó, pero ella seguía dormida, y no contestó. Él se levantó de nuevo.
   Se dirigió a la habitación, ella seguía dormida en la misma posición en que la había dejado. Se acercó a la cama y susurró su nombre. Ella no se movió. Él se acercó más y se sentó a su lado. Acarició su rostro, pero el sueño todavía la retenía. Dijo su nombre de vuelta, de nuevo, más fuerte. Ahora la estaba sacudiendo, pero ella seguía son los ojos cerrados.
   El teléfono dejó de sonar. Él se levantó de la cama y salió de la habitación. No había nada que pudiera hacer. Esa mañana él se había levantado, y ella se había dormido.


   Este cuento se publicó originalmente en el blog Hojas de cuentos, el cual estuvo activo durante varios años. Allí apareció en abril de 2008. Posteriormente, se recopiló en el libro «Hojas de cuentos».


Este cuento forma parte del recorrido del frío, ¿te animas a recorrerlo? Puedes acceder al siguiente a través de la palabra clave o desde aquí Recorrido_logo.



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